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"VERDE QUE TE QUIERO VERDE" FEDERICO GARCÍA LORCA (5/6/1898)

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Verde que te quiero verde verde viento verdes ramas el barco sobre la mar el caballo en la montaña. Verde, que yo te quiero verde. Con la sombra en la cintura ella sueña en la baranda verdes carne, pelo verde su cuerpo de fría plata. Compadre quiero cambiar mi caballo por tu casa mi montura por tu espejo mi cuchillo por tu manta. Compadre vengo sangrando desde los Puerta de Cabra y si yo fuera mocito este trato lo cerraba. Verde que te quiero verde. Verde viento. Verdes ramas. El barco sobre la mar y el caballo en la montaña. Con la sombra en la cintura ella sueña en su baranda, verde carne, pelo verde, con ojos de fría plata. Verde que te quiero verde. Bajo la luna gitana, las cosas la están mirando y ella no puede mirarlas. Verde que te quiero verde. Grandes estrellas de escarcha, vienen con el pez de sombra que abre el camino del alba. La higuera frota su viento con la lija de sus ramas, y el monte, gato garduño, eriza sus pitas agrias. ...

"MI PERENNE NIDO" DE EMILY DICKINSON

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su pecho es propicio para perlas, pero yo no soy un buceador. su frente es propicia para tronos, pero yo no tengo penacho. su corazón es propicio para un hogar. yo — un gorrión — construyo ahí con la dulzura de las ramas mi perenne nido. Emily Dickinson 10/12/1830-15/5/1886 Dibujo Daniel Hurrell    

“NÉSTOR Y YO” POR MARISA HUTCHISON

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Por Marisa Hutchison, octubre 27 / 2010-2020. Corría la crisis del 2001/2002 y, como una noche más de fin de semana, el tiritar de mis dientes, de mi delgado cuerpo, corría en la estación de Quilmes para treparme al furgón con mi bici, mientras el placer haber zafado del boleto se mezclaba con la tibieza de los besos de despedida de mis dos hijos que aún adornaban mi mejilla. Puedo decir que de aquellas noches de trabajo, los más bellos recuerdos eran esos besos. Hasta llegar a la estación Hipólito Yrigoyen, la costumbre era casi despiadada; por las ventanillas sólo se veían bocetos apocalípticos, familias hurgando entre la basura, infantes en abandono… cada parada un escenario más y más cruento. En el interior de la formación tampoco abundaban las sonrisas, por el contrario. Todo era útil, hasta alcancé a ver una familia que debía subsistir por el aluminio que la misma formación les “proveía”. La querida estación Yrigoyen era lúgubre, literalmente una estación “fantasma”; una ...

HUDSON Y LA MADRE

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Guillermo Enrique Hudson … Jamás le dije a mi madre una palabra de mis dudas y agonías mentales. Le hablé únicamente de mis padecimientos físicos. Sin embargo, ella lo sabía todo y yo no ignoraba que ella lo sabía. Y porque ella conocía y comprendía el estado de mi mente, nunca preguntó, jamás sondeó, pero invariablemente, cuando se hallaba a solas conmigo, con infinita ternura, tocaba materias espiritua­les y me informaba de su propio estado. Los consuelos de su fe le daban paz y fortaleza en los reveses y en las ansiedades. Sabía también que su interés por mí era el más grande, pues no ignoraba la especie de angustias que me presionaban y depri­mían. Mi hermano mayor, tan largo tiempo ausente, apenas había dejado de ser un niño cuando ya se había desprendido de toda creencia en la fe cristiana, jactándose de haberse librado de fábulas de viejas, como decía con desdén. Pero nunca le expresó a nuestra madre nada al respecto. No obstante, ella lo adivinó. Cuando nos hablaba del asu...