LAS ZAPATILLAS
A mis chicos del río La felicidad de los objetos esenciales es indiscutiblemente más genuina en la niñez. Y ese día había transcurrido sorprendentemente en la fragosa escuelita de la Ribera. El Consejo Escolar envió zapatillas que la Asistente Social distribuyó entre los más descalzados y Ramiro recibió un par. Él estaba descalzo de todo. Eran unas zapatillas comunes. De las más ordinarias. Blancas, de tela dura y gruesa, parecían más resistentes que las repartidas el año anterior, previas a las elecciones legislativas; y que a él no le habían tocado. Pero a Ramiro le parecían dos albos, resplandecientes y únicos motivos para continuar los pasos de su pequeña vida. No terminaba de admirarlas, cuando, involuntariamente, se le dibujaba una sonrisa brillante de gozo en la boca y en los ojos. Flaco, largo y moreno, de mirada elocuente para el que sabe entender la mirada de un niño. Esas miradas que dicen de las miserias de cuatro generaciones acumulando carencias a la orilla d...