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SER QUILMEÑO "PINCELADAS DE MI BARRIO" POR ALFREDO SAN JOSÉ

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"El género autobiográfico tuvo asiduos cultores entre los hombres públicos argentinos del siglo XIX: Santiago Calzadilla (nombrado varias veces en este texto) Cané, José María Cantilo, Vicente Fidel López, Mansilla, Mitre, Saavedra, Sarmiento, Varela, etc. Y el mismo Alberdi, a pesar que lo repudia en sus Cartas quillotanas contra Sarmiento, que más que una convicción de valor crítico literario, la suya es producto de su rivalidad acérrima de base ideológica con el sanjuanino, a quien acusa, no siempre equivocado, de su propensión ególatra, pero ignorando que el carácter autobiográfico de Recuerdos de Provincia es el aporte sustentable que, en este género, Sarmiento dio a la Literatura Argentina. Lo autobiográfico enriqueció la crónica política y militar matizada por las referencias a la vida privada, las costumbres y tradiciones imprescindibles para diseñar un perfil sociológico del pueblo argentino de las primeras décadas de vida independiente. Cómo en las últimas décadas  del...

EL OMBÚ... LUIS L. DOMÍNGUEZ, BARTOLOMÉ MITRE...

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En 1858, Marcos Sastre (1808 – 1887) escritor y educador , publicó “El Tempe Argentino” , un estudio más lírico que científico sobre la flora, la fauna y la geografía del Delta del Paraná, ilustrado con grabados hechos por el autor. Además de los consabidos estudios de la flora y fauna evolucionada, contenía estudios sobre los insectos, hongos y helechos de la zona, toda una novedad en su tiempo. El libro contenía aportes de otros autores de la época. En este caso el ombú es el protagonista vegetal, enseñorado en la vasta llanura pampeana y la región rioplatense. "EL OMBÚ"  [1] Cada comarca en la tierra Tiene un rasgo prominente; El Brasil su sol ardiente, Minas de plata el Perú, Montevideo su Cerro, Buenos Aires, patria hermosa. Tiene su Pampa grandiosa, La Pampa tiene el ombú. ................................ No hay allí bosques frondosos, Pero alguna vez asoma En la cumbre de una loma Que se alcanza a divisar, El ombú solemne, aislado...

3 Y 4.- FANTASMAS DEL BARRIO LA COLONIA - “UN TAL NISTAL Y DON MANUEL EL BUFETERO” (COLABORACIÓN)

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"Debajo del barro se dibujan figuras y cosas de un barrio algo distinto, poblado hoy por  algunos fantasmas  empecinados  en volver a las viejas rutinas." - III - “UN TAL NISTAL, FILOSOFO, ASTRÓLOGO, CURANDERO Y ASTRONAUTA” Por Plácido Donato Cuando me acuerdo de un tal Nistal, flaco, bajo y de piel cadavérica,  algo me estremece, quizás porque al mirarme con sus ojos claros y traslucidos e inexpresivos, me auguró a los 10 años  una enfermedad en las fosas nasales que me iba a llevar tempranamente a la tumba. Con ese temor viví consternado, por un tiempo, hasta que - por mis veinte años - Nistal terminó muriendo en la solitaria cueva que habitaba en los aledaños del Club Alberdi. Hasta ese momento viví, temiéndolo como a un brujo y respetándolo mucho porque veía en él a un médico frustrado, un astrólogo sin estrellas, a un pensador muy profundo, que gozaba de un sólido y bien ganado desprestigio entre los muchachos de la barra ...

2.- FANTASMAS DEL BARRIO LA COLONIA - “DON ÁNGELO FORNARI" (COLABORACIÓN)

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Debajo del barro se dibujan figuras y cosas de un barrio algo distinto, poblado hoy por  algunos fantasmas  empecinados  en volver a las viejas rutinas. II DON ÁNGELO FORNARI, EL DUENDE DE OJOS DE SAL Plácido Donato Así, de golpe, ni sé bien cuándo ni cómo apareció en mi infancia un duende de ojos esmeraldas con sabor a sal de mares infinitos.   Podía ser un abuelo, un filósofo, una Papa Noé. O solo uno de esos personajes que tienen tanta magia que se hacen inolvidables.   Era Don Ángelo Fornari, una especie de solitario y errante vagabundo, ermitaño, autodidacta, pulcro y de modos tiernos pero sutilmente autoritarios,   muy parecido a los personajes reales de Dickens o a los mágicos de los hermanos Grimn cuyos libros, por esos dulces tiempos,  me devoraba sin miramientos.   Tenía en sus ojos todo un mundo recorrido desde su lejana Toscana hasta este espacio perdido en el fin del mundo y cuando hablaba, con su in...

FANTASMAS DEL BARRIO LA COLONIA - "LA BARRA DE LA ESQUINA" EN EL DÍA DEL LECTOR (COLABORACIÓN)

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por Plácido Donato [1] Debajo del barro se dibujan figuras  y cosas de un barrio algo distinto, poblado hoy por  algunos fantasmas  empecinados  en volver a las viejas rutinas. I LA  BARRA DE LA ESQUINA   El plátano se erguía en  la esquina  noroeste de San Luis y Larrea, en un olvidado espacio quilmeño llamado La Colonia. Allá,  por el 40 aquel plátano, era  un árbol, del cual hoy, todavía sus raíces se debaten  rebeldes y a su sombra se reunían los muchachos del barrio del Alberdi. Los chicos de pantalón corto nos sentábamos  a distancia, con los grandes ojos abiertos, admirando las hazañas que nos contaban los mayores, esperando que los años llegaran para poder recorrerlas y contarlas como ellos. Recuerdo bajo un manto de neblina algunos rostros como el de los turcos Noel, Pichín  de la Boca, Pichuco y Pancho Corallo, Los Montes Agudo, Carlitos Rivero. Nicio Romo, Américo Radosta, Teto Sán...

CASI NADA…CASI NADA…

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(Recitado): “Bravíos los Quilmes, habitaban, en las tierras hoy tucumanas, amalgamados a la libertad… Su  fuerza no pudo contra la potencia imperial que avasallaba a América y su gente… Pueblo sojuzgado al fin y forzado al exilio y la condena en la Reducción de la Exaltación de la Santa Cruz de los Quilmes… Hoy quedan ruinas en el norte y, sobre sus huesos, una creciente ciudad homónima en las márgenes del Plata… Quilmes y Acalianos están presentes pero a través de la historia relatada y escrita por sus vencedores.” CASI NADA…CASI NADA… (Canto) Eco desnudo de los Valles Calchaquíes. Cercenados su voz, su idioma y su palabra. Sabemos de ellos por lo que otros nos cuentan. Sabemos casi nada. Sabemos casi nada. Sabemos de ellos que en la tierra eran libres… valles sin fronteras… horizonte y montaña. Acalianos y Kilmes bajo un cielo de estrellas, eran cuerpos y almas, eran cuerpos y almas. Sagrado grito. Resistencia entre cerros. Conquista y pena que abrum...

DESMIENTO DE NIRA ETCHENIQUE

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Abuela no les creas.   Es posible que vengan a decirte  que olvidé las plantas de tu patio;  que ya no tiemblo de miedo en los zaguanes y ni siquiera canto.   También, levantarán la sombra de algún amor que anduve asesinando en esos tiempos naufragios galerías y sótanos y oscuridad. Y basta.   Insistirán diciendo que he crecido; que no reparto a ciegas la sonrisa;  que tengo un juicio claro de las cosas,  un estatuto de vivir a plazos  y tantos otros modos positivos; no les creas, abuela, no he perdido mis salvajes costumbres, sigo amando el fantasmal perfil de los otoños,  los eclipses en marzo, la encendida tierra que engendró tu muerte y el áspero color de los limones. Suelo llorar porque sí, porque me duele regresar entre mendigos por las noches envinado de perros y en silencio.   Además me sigo enamorando.   En síntesis, abuela, no he cambiado. Solo la soledad un poco más madura y una violencia nueva y...