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JOSÉ, AMIGO!

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José: perseguido y hasta odiado por los rivadavianos en la soberbia Buenos Aires; sospechado y ninguneado por el Patriciado mendocino que no estuvo nada contento de " colaborar " para tu ejército; repudiado y acusado de lo peor por la aristocracia limeña, recelosa de cualquiera que les recortara poder; tentado todo el ti empo a involucrarte en la desgarradora guerra civil argentina, a lo que dijiste que No, cosa que tus oficiales no pudieron, no quisieron, no supieron. José, que anciano ya supiste despertar la admiración de Alberdi y Sarmiento y que, como otros tantos, tus últimos días fueron de sobriedad y austeridad republicana.  Ese republicanismo que te hizo cruzar el Atlántico porque América (así era entonces, América) era la esperanza de los nuevos tiempos. Gracias José, estuvo muy bien, hiciste lo que pudiste y la verdad, no fue poco. Que va a ser...  Descansá en paz que bronce más, bronce menos, igual que tus paisanos, los de abajo te llevamos en el corazón....

POR LAS GRIETAS DEL TIEMPO

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por las grietas del tiempo donde se esconden al acecho predadores, presas y poetas ruge hoy inquietante viento extraño, abrasador y carro de tormentas ¿de qué pechos ignorados de qué pulmones milenarios parte esa suma de voces débiles, postergadas, pequeñas que al chocar con las fisuras del tiempo produce pavor, temblores y tornados espanta al predador, a las presas alerta e inspira a los poetas? no es nuevo el viento su edad acumula milenios la misma que el cobarde el valiente y el traidor pero hoy arrastra tempestades desde las canteras de Olduvai y de Laetoli del África natal con sus praderas germinales la tormenta arrastra el aliento del pintor de Altamira los temores de Lucy y su pareja el grito silencioso de los chicos de Tucumán Formosa y Bangladesh la rebelión de tantos marginados el clamor de los rebeldes y justos sacrificados y el aliento final de invadidos e invasores que pisaron y pisan los hoy diseminados campos de Pangea desde q...

PREGUNTAS DE UN OBRERO ANTE UN LIBRO

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Tebas, la de las Siete Puertas, ¿quién la construyó? En los libros figuran los nombres de los reyes. ¿Arrastraron los reyes los grandes bloques de piedra? Y Babilonia, destruida tantas veces, ¿quién la volvió a contruir otras tantas? ¿En qué casas de la dorada Lima vivían los obreros que la construyeron? La noche en que fue terminada la Muralla China, ¿Adónde fueron los albañiles? Roma la Grande está llena de arcos de triunfo. ¿Quién los erigió? ¿Sobre quiénes triunfaron los Césares? Bizancio, tan cantada, ¿Tenía sólo palacios para sus habitantes? Hasta en la fabulosa Atlántida, la noche en que el mar se la tragaba, los habitantes clamaban pidiendo ayuda a sus esclavos. El joven Alejandro conquistó la India. ¿El sólo? César venció a los galos. ¿No llevaba consigo ni siquiera un cocinero? Felipe II lloró al hundirse su flota. ¿No lloró nadie más? Federico II ganó la Guerra de los Siete Años. ¿Quién la ganó, además? Una victoria en cada página. ¿Quién coc...

CELEBRACIONES

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Uno es poeta y camina. Como poeta de este tiempo, pretende asir la esencia misma de lo inasible y para eso hace equilibrio en los límites del silencio. Entre tanto caminar por el mundo, ve las cosas, las huele y las toca; se apuesta a sí mismo ante los otros, ante la vida y ante la muerte. Y como no puede evitar ser poeta también de otros tiempos, le salen estas celebraciones del camino. Y ya viejo, las junta y decide ponerlas en un libro, porque son las palabras de uno que los amigos recuerdan y porque para encontrarse con los otros, hay que salir de la torre de marfil.   ROBERTO ROCCA

“BARRIO GRIS” DE JOAQUÍN GÓMEZ BAS

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(Una novela de 1952 que transcurre en el Sarandí de las postrimerías de la década del `40, aparecen lugares que ya no están, que algunos alcanzamos a ver en sus últimos estertores y que eran el desfavorable zaguán para entrar a Quilmes.    Es una pintura de arrabal de un realismo paradójicamente retórico, donde quizá hay algo de Proust en la recreación de las sensaciones producidas en ese estado de gracia que permite al autor entregarlas intactas a los lectores. Es una novela olvidada que fue un éxito editorial en su momento y que vale la pena recuperar para los que aman la literatura imperecedera...)   Chalo Agnelli EPÍLOGO PRELIMINAR (párrafos iniciales) Ya no existe; es decir, no como era. De su estructura y de su índole primitiva casi nada sobrevive. Pero en memoria perdura íntegra su conformación genuina, panorámica y esencial. Sé que ahora es solamente una calle amplia, demasiado grande para la uniforme chatura de su humilde caserío, por donde tranvías sin...

LA SOMBRA

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Había una vez una Sombra sin destino. En una época había sido Sombra de una columna de alumbrado público que volteó un camión y quedó hecha añicos. La debieron reemplazar. La Sombra aprovechó y comenzó a buscar una existencia más dispuesta a las sorpresas. Resolvió conseguir una forma humana desocupada. Si lo lograba por las noches, por la mañana la desalojaban impiadosas otras sombras y volvía a su deriva. Buscó en las cavernas, pero allí no se necesitaban sombras. Buscó en las islas tropicales, pero allí las sombras residentes la persiguieron arrojándole cocos y cáscaras de bananas. Buscó en el Polo, el “País de las sombras largas ”, pero ella no daba la talla. Buscó en las grandes ciudades, mas allí todos andaban a tanta velocidad que no podía retener ninguna forma; ¡hasta escuchó a un hombre que parecía venderlas porque cantaba: “¡ Sombras nada más... trala, la lala lalala ”! Buscó en la Luna, pero sólo encontró que tenía un inmenso espacio de sombra y allí no había hu...

BALDÍO

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A Chalo Agnelli  No es casual que elija este camino. Quiero ver de frente la casa desde la vereda de enfrente. La sombra de los plátanos cae sobre los adoquines y se desparrama por toda la cuadra. Me paro sobre el cordón  y enfrento lo que fue. Espero que pase el 85, una camioneta, dos taxis. Cruzo. La reja se abre al patio de baldosas de  ajedrez. La empujo. El crujido oxidado me golpea. La casa tirita de ausencia. Atravieso la penumbra de persianas herméticas y macetones. Las farolas languidecen entre las columnas flacas de flores de acanto que sostienen la galería. Paso al patio de atrás. Un reflejo ajusticia la sombra en el piso, en cuatro cuadros de luz que salen de la cocina.  Abro la puerta. Olor agrio. Un almanaque de Glostora intenta disuadirme del tiempo que no es. Sentado frente a su plato de sopa aguachenta con galletas trozadas, el viejo me mira con ojos de al fin . En ellos veo mi vida y él ve la suya en los míos. No hablamos. Sólo nos miramos desde...