"KEKO EL VERDULERO" RELATO DE HÉCTOR ACOSTA
Pasó en mi barrio...
Por Héctor Acosta
Seré franco: del asunto que hoy recordaremos hay cosas que
se me borraron de la memoria y como por ahí aún hoy debe haber gente que lo
tenga mejor presente que uno pido la indulgencia necesaria para completar el
relato. Al hombre lo apodábamos
«Keko» era un italiano de baja estatura y con
los ojos reventones de asombro y de vino. Digamos que dicho apodo lo ponía
furioso por lo que nos absteníamos de decírselo y lo llamábamos “don Francisco”.
Fue famosa su costumbre de encontrar gallinas de muertes
inciertas en la calle y llevarlas a su casa para comerlas en memorables
pucheros (adelanto que el hombre no murió intoxicado)
A su tobiana la llamaba “Beba” y fue por años su fiel y
servicial compañera de trabajo y de parrandas. Tiraba sumisa el carrito de media
changa con el cual recorría las embarradas calles de aquel Bernal de entonces.
La yegüita conocía de memoria el recorrido del reparto del verdulero, cosa que
no provocaba mayor asombro, pero otro asueto era el variado recorrido nocturno
que de boliche en boliche y de barrio en barrio, el animal parecía retener. Eso
era cosa sospechada.
Lo notorio ocurrió una ignota noche de vaya a saberse que
año. “Keko”, el tano verdulero del célebre carrito crema, fileteado en bordó
con cintas argentinas e italianas y sendos carteles en sus laterales que decían
“La flor de Castelvetrano, levantó a
un amigo de ocasión y se fueron de copas a un perdido tugurio de borrachos en
un lejano barrio, que luego supuso sería allá por Lanús o quizás Lomas de
Zamora.
El camino de ida se le hizo al verdulero «Keko» intrincado,
recargado de vueltas, barreras y barrios bravíos, por lo que perdió la noción
de la orientación. Guiado por el amigo de copas, tabaco carrero y algo más,
llegaron a una fonda de baja estofa.
Ahí, en ese sombrío antro de perdición, iniciaron una juerga
que descalabró a “Keko”, quién a eso de las dos de la madrugada tiró la toalla
y abandonando al amigo, bamboleándose y a los tropezones por la borrachera,
como pudo desató la manea de la yegüita y se tiró arriba del carro, soltó las
ríendas y se arrebujó en una piel de cordero a dormir su sueño de pecador.
El noble animal quizás haya intuido que por la situación de aquel
pobre Cristo no era capaz de volver por las suyas en aquel estado. El caso fue
que “Beba” tranco a tranco, muy quedamente, inició un retorno que se presentaba
incierto.
En la osca noche pasó una negra locomotora a vapor que
fragorosa de fumarolas y metales la espantó y, encogiendo la grupa, inició un
asustado galope que fue sosegando allá a las cuadras.
Se cruzó con fantasmales tranvías de amarillentas luces y
forzado traqueteo que llevaban a borrosos maniquíes que por momentos parecían
algo así como seres humanos.
Luego siguió bajo un estrellado firmamento de finales de
otoño; mojados por un tenue rocío sus pasos resonaban en el empedrado de
misteriosas calles, iluminados por faroles ferroviarios que se mecían en
adormiladas barreras con rojizos destellos y sin errarle a un sola calle, a
eso de las dos horas de cancina marcha, desembocaron en la avenida Dardo
Rocha.
La hermana de “Keko” en vela por la tardanza, escuchó en el
fondo de la noche, allá a lo lejos, el quedo tranco de la yegüita cuyos
herrados vasos resonaban en las piedras sacudiendo el silencio.
“Son ellos”, se dijo. Y saltando de la cama fue a bajar al
descarriado verdulero. Desató a la “Beba” le dio una palmada de cariño y la “Beba”,
sumisa, se fue sólita al establo que distaba a dos cuadras de allí, en la
Cañada de Bernal Oeste, del otro lado del camino carretero.
La pobre mujer, analfabeta en castellano y en el idioma del
Dante, se permitió una íntima disquisición filosófica. Cavilando se dijo
mirando a la yegüita y pensando en su hermano.
- No nos asombremos, seamos humildes; a veces un hombre es
mucho menos que un animal.
Y no estaba errada.
Héctor Acosta
Artista plástico y
escritor y vecino de Bernal
Tomado de “Bernales”
periódico de Norberto Giallombardo
Mayo, 2012.
Fotos. 1ª.- Roberto Sánchez; 2ª Flia Elisiri
Fotos. 1ª.- Roberto Sánchez; 2ª Flia Elisiri
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