jueves, 29 de diciembre de 2016

OTRO DICIEMBRE EN EL QUILMES DE 1886 - EL GÉNERO EPISTOLAR

En una fecha como hoy, 28 de diciembre, pero 130 años atrás, no era el calor ni la falta de electricidad la preocupación de los quilmeños, el cólera volvía a azotar al pueblo. Entre los insólitos tesoros bibliográficos hallados en la Biblioteca Popular Pedro Goyena, también aparecen documentos testimoniales de la historia de Quilmes, como la carta que se transcribe a continuación hallada por Cristina Secco entre un cúmulo de papeles. En ella el primer intendente que tuvo el Partido, designado a partir de julio de 1886, por le Poder Ejecutivo, don Felipe Amoedo [1] le narra a su hijo – posiblemente Hilario - la situación sanitaria del pueblo. La carta tiene membrete e la Municipalidad. El texto está transcripto tal cual con la misma sintaxis e igual ortografía, por eso parece enrevesada su lectura.
 
MUNICIPALIDAD

           DE

      QUILMES                                                                Diciembre 28, 1886

Querido Hijo como hace tres días que no boy (sic) por casa no he podido preparate lo que has pedido, personalmente pero hablé por panteléfono [2] y hordené (sic) a Domingo pidiese todo a Demarchi, menos la maquinita de hacer hielo y esa la buscaré yo tan pronto como balla (sic) a casa que será mañana - como desde el viernes a la noche no boy a casa no he recibido la carta que me dices mandas […] por esta no hay nobedad (sic) pues como tu habrás visto por los diarios no hay pueblo donde no haya algún caso de cólera. 
En Quilmes hace 8 días vino un atorrante de los que habían tenido los Pacistas y como ya no tenían que dale lo habían abandonado y como no tenía que comer y habiendo encontrado un cajón de Damascos (sic), [3] los comió y le dio el cólera en un rancho serca (sic) de la estación, pronto que supe lo mandé sacar con Don Eduardo Fierro [4]  que precide (sic) la comición (sic) de hijiene (sic) y llevarlo a 15 cuadras de esta que tengo `preparada una buena casa con 15 camas y asistentes y todos los utiles precisos y una guardia de Policía para que nadie salga ni entre, esté enfermo mañana se da de alta. Después calló la mujer del cabo y también ha salvado. No hemos tenido más enfermos y puedo decirte que con toda la gente de la siudá (sic) esta aquí, están como hormigas tanto en el pueblo como por las chacras – no hay como para cubrir más, la comición (sic) de hijiene (sic) tiene mucho que hacer hasta de noche tiene que vijilar haber la gente que hay en las piezas y hay que estar dando ordenes de allanamiento – 
Deceo que tu lo pases bien pues por aquí no hay novedad alguna.
El Domingo vino Don Juan Francisco Vilaró [5] con Amalia y la dejó unos días. Recuerdos a Juana y a Manuela … y demás amigos que si el cólera moderase estaríamos en esa.

Tu Padre que desea Felicidades
Felipe Amoedo 

Transcripción, notas y compaginación Chalo Agnelli
Bibliógrafa Cristina Secco
Biblioteca Popular Pedro Goyena
 NOTAS


[1] Ver biografía en EL QUILMERO: http://elquilmero.blogspot.com.ar/2011/07/el-nombre-de-tu-calle-felipe-amoedo.html 
[2] La Societe du Pantelephon L. de Locht & Cía se estableció en Buenos Aires en 1881, pero Sewell Melville Bagley ya había instalado un teléfono desde Bernal hasta su fábrica de Hesperidina en Barracas al Norte.
[3] Quizá los damascos estaban verdes y le produjeron diarrea.
[4] Este Eduardo Fierro debe haber sido pariente del Dr. Edmundo Florentino Fierro o es el mismo Edmundo que nació en Quilmes el 14 de marzo de 1857, y estudió en la Facultad de Ciencias Médicas de Buenos Aires, graduándose en 1882. O hay un error en la fecha de su muerte. Según Craviotto (“Quilmes a través de los años” 2ª ed. febrero de 1968 Pág. 249) el 11 de noviembre de 1886, Edmundo Fierro fue designado por Felipe Amoedo - que había asumido como primer intendente desde julio de 1886 - presidente de la comisión encargada de velar por la higiene en el municipio ante el peligro de otra epidemia de cólera. De modo que no pudo morir el 21 de febrero de 1886, como afirma José Andrés López y Cutolo en su diccionario. O es un pariente o hay un error en la fecha de la muerte de Edmundo Fierro. Ver biografía completa en EL QUILMERO: http://elquilmero.blogspot.com.ar/2010/02/quien-fue-en-quilmes-el-doctor-edmundo.htm
[5] Juan Francisco Vilaró y Florentina Amalia Quirno Molina fueron los padres de Amalia Florencia (n. 7/11/1866) Bautizada por el padre Lorenzo Bonifacio, sus padrinos fueron, don Guillermo Quirno, natural del país, de 38 años, domiciliado en Piedad 363, y doña Manuela Vilaró de Pasalaqua, natural de Buenos Aires, de 29 años, domiciliada en Piedad 638. Sus padres tenían 30 y 27 años y vivían en la calle Lima 329. Amalia Florencia se casó con Hilario Amoedo Dupuy, hijo de Felipe Amoedo, nacido en Buenos Aires en 1856 muerto en Mar del Plata, en 1915. Esta puede ser una alusión a un posible noviazgo – tenía 30 años al recibir esa carta, ella 20 -  que ya se estaba fraguando entre las familias como era usanza en esas épocas. Tuvieron dos hijas María Petrona, y Amalia Felisa que se casó con José Antonio Alejandro Terry Quirno (1878 – 1954)
6 Esta nota también se halla en el sub blog EL QUILMERO EN LA GOYENA

viernes, 23 de diciembre de 2016

LA CIVILIZACIÓN LAISECA

"Monitor y su amigo el Barbudo se colocaron sobre cierto rectángulo que hallábase en un rincón de la habitación monitorial. Monitor se agachó y apretó el resorte secreto; así, ambos se hundieron cien metros hasta llegar a la boca del túnel que
conducía, entre otros muchos lados, al 'jardín de los Monstruos'. Se detuvo sobre enormes dispositivos elásticos. Luego de un momento de inmovilidad absoluta, lentamente, pero cada vez a mayor velocidad, el rectángulo comenzó a marchar por una bifurcación del túnel maestro. Después de un viaje de siete kilómetros, entró en movimiento uniformemente retardado hasta detenerse por completo. Por fin, hacia arriba. Segundos después, Monitor y Barbudo salieron del rectángulo, que ahora: constituía una enorme losa más en el pavimento ajedrezado de su casa de descanso, en el 'Jardín de los Monstruos', situado en las afueras de Monitoria, Tecnocracia Central.
Recorrieron largos pasillos con techos de cristal, a través de los cuales se distinguían acuarios iluminados llenos de pulpos. Los pasadizos desembocaban a veces en solarios con plantas tropicales; contenían, entre otras cosas, todas las variedades de plantas carnívoras; muchos de estos ejemplares, obtenidos por mutación. Por todas partes surgían soldados. Al pasar el Monitor, saludaban rápida y rígidamente.
Jefe de Estado y Barbudo salieron. Mucho sol y plantas. Por entre la floresta se abrían varios caminos que, como en un laberinto de pasadizos, iban todos a parar al mismo sitio. Cada tanto, la espesura se despejaba en claros con terrazas de piedra, estatuas, surtidores, altares a Dioses desconocidos y esfinges. Monitor condujo al amigo por una avenida de colosos sentados, que desembocaba en una suerte de anfiteatro natural. El Monstruo enseñó al otro cuatro cosas que a la distancia parecían estatuas con guitarritas. Estaban clavadas en una especie de tarima de escenario de treinta centímetros de alto, tres metros de largo y cuatro de ancho. Al acercarse más, Barbudo comprobó con asombro que se trataba de tipos embalsamados, que portaban guitarras eléctricas chiquititas, baterías diminutas, etc. Como si fuese un conjunto beat. La mano pesada del rock. Toda la cúbica, loco. Habían clavado sus pies a la madera para que no se cayeran. Tenían las bocas abiertas en crispaciones que mostraban dientes amarillentos bajo sus ojos de vidrio
."

Fragmento de "Los Soria"
de Alberto Laiseca 

Alberto Laiseca nació en la ciudad de Rosario en 1941, su rostro y voz se hicieron populares mucho después de haber escrito gran
parte de su obra y gracias al programa de televisión "Cuentos de terror" que emitió el canal I-Sat, escribió una veintena de libros entre los que se cuentan "Aventuras de un novelista atonal", "La hija de Kheops"y es autor de la monumental novela "Los Soria"  de 1300 paginas, considerada la obra mas extensa de la literatura argentina. Falleció el jueves  22 de diciembre al medio día, a los 75 años, en el Hospital Británico del barrio de Barracas (CABA) Sólo los que dislocadamente leímos los 8 volúmenes de "En busca del tiempo perdido" y completo "Ulises" de Joyce (Con ayuda de Liliana Guaragno), tuvimos el entrenamiento para "Los Soria"... y nos alcanzó la vida.

"LA REVOLUCIÓN ES UN SUEÑO ETERNO"



"Cuando un hombre, que es joven y que se cree inmortal, siente que todo se derrumba — el porvenir vaticinado en los pactos con el Diablo, los sueños de inasible belleza, la utopía que se doraba como un pan en la inimaginada fragilidad de la conspiración—, busca a una mujer. Cuando todo se  derrumba, la mujer queda, resiste. Nadie sabrá decir nunca, por qué."
de "La revolución es un sueño eterno"
Cap. XIX
Andrés Rivera (seudónimo de Marcos Ribak) nació en Buenos Aires el 12 de diciembre de 1928 y falleció el 22 de diciembre de 2016 en Córdoba. Hijo de inmigrantes obreros. Rivera también fue obrero textil, desde muy joven trabajó como tejedor de seda en una fábrica de Villa Lynch. Luego se dedicó al periodismo y la literatura. Participó en el movimiento obrero argentino. Escribió más de 40 obras, entre novelas y cuentos. "El farmer", sobre la figura de Juan Manuel de Rosas, fue adaptada al teatro en 2015 a cargo de Pompeyo Audivert y Rodrigo de la Serna.

lunes, 19 de diciembre de 2016

INSOMNIO - JORGE LUIS BORGES



En estas horas, en estos últimos días del año, todo parece
magnificarse: los ruidos, las luces, los problemas, las ausencias, los sueño que no llegan, la esperanza que promete arremeter en cualquier momento; se exacerba una alegría intrusa que no respondía antes ni despertará después y los años se suman, se multiplican, sin pausa, sin prisa y nos acercan al horror de ser un cuerpo humano cuyas facultades declinan, inevitablemente, es una paradoja que se mide por décadas.
 INSOMNIO
De fierro,
de encorvados tirantes de enorme fierro tiene que ser la noche
para que no la revienten y la desfonden
las muchas cosas que mis abarrotados ojos han visto,
las duras cosas que insoportablemente la pueblan.
Mi cuerpo ha fatigado los niveles, las temperaturas, las luces:
en vagones de largo ferrocarril,
en un banquete de hombres que se aborrecen,
en el filo mellado de los suburbios,
en una quinta calurosa de estatuas húmedas,
en la noche repleta donde abundan el caballo y el hombre.
El universo de esta noche tiene la vastedad
del olvido y la precisión de la fiebre.
En vano quiero distraerme del cuerpo
y del desvelo de un espejo incesante
que lo prodiga y que lo acecha
y de la casa que repite sus patios
y del mundo que sigue hasta un despedazado arrabal
de callejones donde el viento se cansa y de barro torpe.
En vano espero
las desintegraciones y los símbolos que preceden al sueño.
Sigue la historia universal:
los rumbos minuciosos de la muerte en las caries dentales,
la circulación de mi sangre y de los planetas.
(He odiado el agua crapulosa de un charco,
he aborrecido en el atardecer el canto del pájaro)
Las fatigadas leguas incesantes del suburbio del Sur,
leguas de pampa basurera y obscena, leguas de execración,
no se quieren ir del recuerdo.
Lotes anegadizos, ranchos en montón como perros, charcos de
plata fétida:
soy el aborrecible centinela de esas colocaciones inmóviles.
Alambre, terraplenes, papeles muertos, sobras de Buenos Aires.
Creo esta noche en la terrible inmortalidad:
ningún hombre ha muerto en el tiempo, ninguna mujer, ningún
muerto,
porque esta inevitable realidad de fierro y de barro
tiene que atravesar la indiferencia de cuantos estén dormidos o
muertos
- aunque se oculten en la corrupción y en los siglos -
y condenarlos a vigilia espantosa.
Toscas nubes color borra de vino infamarán el cielo;
amanecerá en mis párpados apretados.
Adrogué, 1936
 


sábado, 3 de diciembre de 2016

PASÓ EN MI BARRIO… EL MONO GATICA (COLABORACIÓN)



Por Héctor Acosta
En una lejana mañana de invierno de un incierto año, sube al colectivo 8 (actual 98) el futbolista “Japonés” Olivari. Se dirige a su entrenamiento en el Club Argentino de Quilmes. Lo hace ajeno a la
misión que el destino le va a asignar y que él cumplirá como ya veremos, con la eficiencia digna de esa prosapia de muchachos tumultuosos, pero nobles que distinguen a toda generación.

En un asiento del fondo dormita contra la ventanilla una persona de cuya identidad duda, se vuelve y lo encara al cho­fer.

- Decime, aquel del fondo, el que está dormido, no es el Mono Gatica?

Era el hombre en evidente decadencia, se había pasado de su destino, Villa Dominico. Olivari lo despierta y enterado que el otrora gran boxeador necesita una mano salvadora le dice, seguro de si mismo

- Hermano, te venís conmigo que voy a entrenar al club y vas a ser una alegría para todos.

Efectivamente, es bienvenido con afectuosas muestras de admiración. Café con leche y medialunas, un equipo deportivo incluido un par de zapatillas y unos pesos que el propio Olivari recolecta, alegran al “Mono” y a todos los jugadores.

Pero ¿Qué es lo que indujo al “Japonés” Olivari a tan salvador ges­to? Fue un hecho ocurrido años atrás en el Club Dardo Rocha. Allí, en el gimnasio estaba anunciada la exhibición que el pugi­lista daría para conmoción de toda la barriada. Llegó en un con­vertible tapizado
en piel de tigre, ostentoso y provocativo, saludando con ampulosos gestos. Lo recibió el mánager Atilio Lucotti. Haría exhibiciones con los púgiles locales que, si mal no recuerdo serían “Cholito” Mussi, José Colaone y Roberto Fiorenza entre otros. Cuando José María Gatica vio las preca­rias instalaciones en que se encontraba el gimnasio y el propio ring, magnánimo, llamó a su representante y autoritario le or­denó:

- Ñato, pelá la chequera.

Y ahí mismo ordenó, ante el estupor de su representante y para alegría del pugilismo local, un cheque rebosante de ce­ros…

Ese fue el lado noble del gran “Mono” Gatica. Capaz del más pícaro desplante y del inesperado gesto altruista. Memorable fue aquella noche de boxeo en el Luna Park, cuando antes de subir ál cuadrilátero, se detuvo ante Juan Domingo Perón y le dijo:

- ¡Dos potencias se saludan!

Otra vez, al llegar de un viaje, lo fue a recibir su esposa al aeropuerto y él tomó el cochecito con su hija recién nacida. Alguien lo miró por curiosidad, el Mono, socarrón le dijo:

- ¿Qué mirás, nunca viste a un padre...?

Podríamos decir que hasta ese día (el día del colectivo) el Mono, en la consideración del barrió ganaba por knoc aut, hasta que el “Japonés” Olivari, en nombre de todos los muchachos del Club 'Dardo Rocha', retribuyéndole el magnífico gesto, consigue el inesperado “empate” que habla del alma noble de aquellos hombres de una época ya lejana. OTOÑO DE 2006.

por Héctor Acosta
Para el periódico


22 de mayo de 2006
Compilación Ch. Agnelli

sábado, 26 de noviembre de 2016

PASÓ EN MI BARRIO… “PELUQUERIA FERRAZZUOLO, HISTORIA DE LOS TIEMPOS IDOS…” (COLABORACIÓN)



Alejandro Gibaut, nuestro amigo quilmero del grupo de facebook,  Bernal, su historia y su gente, nos comparte este relato de don Héctor Acosta, ciudadano ilustre de Quilmes, uno de los amigos que ha ingresado a ese grupo. Un pedazo de Villa Cramer en palabras...
“PELUQUERIA FERRAZZUOLO"
por Héctor Acosta
La vida refulge en los cambiantes tornasoles de los buches de las palomas que arrullan en lo alto del mirador de los Perlasca. “El ruso” León, en la puerta de la tienda, mira con displicencia como una bandada de chicos se moja a gusto, siguiendo a una fragorosa
barredora municipal que riega con miríadas de gotas que a trasluz forma un módico arco iris.
El peluquero Ferrazzuolo enternecido ve como su hija menor, Martita, sale a comprar la leche al tambo de don Benito con la lechera de aluminio que, grácil, pende de su brazo, y al pasar por el “Café Cramer” es admirada por los muchachones que abandonan el billar para comprobar el donaire de ella, la casta y bella ángel sin alas Marta Ferrazzuolo.
Cuando las campanas de la “Santa Coloma” tañen a misa de once envolviendo al barrio en una engañosa santidad, entra a la peluquería el temido guapo Truel enteramente de negro; botines, traje, lengue y chambergo.
Lo recibe un cartel que dice; “Melena $1,50 Barba $0,70, Tintura “La Carmela $0,50 (descuento a sindicato papelero)”
Llegado su turno se sentó en el sillón con las ínfulas de trono monacal y don Miguel Ferrazzuolo lo envolvió con un inmaculado peinador blanco y dócil le preguntó
- ¿Qué le hacemos al caballero?
- Completo
Contestó seco el guapo Truel con barba de una semana y aliento a tabaco carrero.
En efecto así se procedió, primero a rasurarle la parte inferior del cuero cabelludo con una máquina de triple cero (tiqui… tiqui… tiqui) y luego la parte superior a tijera, una genuina “Arbolito”. Le enjabonó profusamente la barba con una brocha “Galera” y lo afeitó minuciosamente con una navaja de acero Toledano tan atemorizante que fue ahí cuando el guapo arrugó y advirtió
- ¡Guarda la verruga!
Al final de ese proceso le masajeó la cara con una incierta crema, lo espolvoreó con talco perfumado y le cepilló el cuello. Con gesto
teatral le retiró triunfante el peinador y lo sacudió en el aire espantando a unas moscas que zumbonas revoloteaban a su alrededor. El guapo se paró impositivamente frente a los espejos de altos azogues y con manifiesto beneplácito constató su cara lista para lucirse esa misma noche en el corso de Villa Cramer del añorado tiempo de los años que felices pasaron más rápido de lo previsto. Hoy los hombres de aquel entonces no están mas en este mundo de los desengaños, y los niños de ese entonces somos los viejos desencantados de hoy. La pelquería tampoco está más, pero si el local vacío y decadente.
Mas de una noche paso por su frente y busco un ausente cartel que algún duende travieso haya escrito diciendo “Cerrado por melancolía”. Primavera, 2014.
Foto de Romina Giselle Schneeberger
FOTOS ALEJANDRO GIBAUT
1.- Aviso de la peluquería de don Aído Ferrazzuolo, Crónica de 1922. 
2.- El "Café Cramer", de Alvarez Hnos., con los billares del relato. Aviso aparecido en el "Crónica", 1948. 
3.- La casa de los Perlasca, anteriormente de don Emilio Corbusier (cónsul de Francia), con su mirador sobre Cramer. Foto de don Alcibíades Rodríguez.

4.- Romina Giselle Schneeberger.
Héctor Acosta
Colaboración de Alejandro Gibaut para 
"Bernal, su historia y su gente",
24 de novimbre de 2016
Compilación Ch. Agnelli