miércoles, 18 de noviembre de 2015

ULTIMAS TORRES DE UN BARRIO QUE UNA VEZ TUVO PUERTA (COLABORACIÓN)



Por Hugo Murno, Especial para BERNAL.ES)
A solo tres cuadras de la estación de Bernal, en Villa Crámer,  se encuentran esas torres que rematan unos "raros castillitos normandos". Están mezclados con el conglomerado de casas nuevas y viejas de modesto (y a veces pretencioso) aspecto, en lo que
denota ser un barrio de los más populares y antiguo de la zona. Esos castillitos forman parte del cotidiano paisaje del lugar y, claro, para los habitantes de allí, que los conocen desde siempre, la cosa (y esas casas) no tiene misterio ni despierta la imaginación. Pero verlos por vez primera y pensar en castillitos medievales de alguna aldea francesa, recrear historias imaginadas y soñar con un pasado de leyendas, es tentación de la que no se escapa fácilmente, algún desprevenido visitante o alguien que simplemente transite por el lugar.
Y algo de eso hubo de historias fascinantes; misteriosas.

Tal vez un poco de frustrados deseos feudales, por qué no reminiscencias de una Italia ancestral metida en su ser, o ganas simplemente de jugar con la imaginación en sus creaciones arquitectónicas, o todo junto, fuera lo que llevó a don Juan Chiogna a construir esas casas tal como todavía se las puede ver, por lo menos a las que la piqueta o la modernización todavía ha respetado...
Primero fue la construcción de (por lo menos para la época y lugar) la más grande planta industrial de la Argentina: la de la Fábrica Papelera Argentina (después Celulosa Argentina y hoy perteneciente a una multinacional estadounidense) y a su lado el conjunto de casitas, mucho más grandes de las que a veces hoy todavía se hacen con similares fines, destinadas a los obreros y empleados de la firma y sus familias.

Pero esos terrenos que Don Juan había comprado asociado a don Pedro Vaccari, y que lindando con la fábrica llegaban hasta la costa del río de la Plata, unas 20 a 25 cuadras de largo por 4 o 5 de ancho, tentaban para el proyecto que giraría, allá por 1908, en las mentes de esos dos ítalo-argentinos, que seguramente gustarían ver el río desde sus dominios, barranca incluída.
Y así nacieron las casas, como esa que se encuentra (remozada hoy) en la esquina de Crámer y Almafuerte, que es la casa que Don Juan levantó para habitar él. Y allí comenzaba el "feudito", pues la hoy calle Almafuerte (por aquella época P. Vaccari) empedrada y larga tenía tranquera. Sí, como todas las otras que hacían de "puertas" en las demás bocacalles que bordeaban los dominios del arquitecto y empresario industrial; y allí había que entrar de a pie, y el caballo, los sulkis y jardineras de los proveedores del barrio, que eran todos italianos, a excepción de algún español y muy pocos criollos y obreros de la papelera, en la que ganaban $ 3 - de entonces - por día, de los pesos fuertes en serio. Todo construido con materiales traídos de Europa, ladrillos y maderas, hierros y clavos, tejas y también algunos de los nombres que adornan los frontispicios de algunas de esas casas, como es Quo-Meme, que pasó con tabla y todo de ornar un yate a las paredes de la que en 1973 ocupaba Alfredo Sánchez, de entonces 24 años, nacido en ella y que la compró a los descendientes de don Juan Chiogna en $ 27.000, de esa época, claro... Él nos lo contó en aquella oportunidad en que indagamos para poder escribir esta nota.
Don Juan también había construido una de esas casas que ocupaba la planchadora, y otra para Benito el barrendero; y donde hoy, en 1973, está instalado un taller mecánico, al fondo de otra de las casas supo estar la caballeriza que alojaba la volanta que iba a esperar a la estación de trenes a Don Juan, cuando este venía de Buenos Aires a pasar unos días en su "mundito".
Y allí donde está parada una viejecita nervuda y vivaracha, que nos cuenta que su hija es nieta del fundador del barrio, estaba emplazado el parque del lugar con la casona de los viejos Chiogna en el medio...
Pero el clima de misterio lo remata realmente, más que ninguna otra la casa que se levanta allá, al pie de la barranca, frente a una ancha avenida de tierra , que algún día sería parte de la Autopista Buenos Aires-La Plata, recuérdese que esta nota fue escrita en 1973 y estamos en 2015. La historia de esa casa quizá no la conozcan sus actuales moradores, una asustadiza pareja de ancianos, que se encierra en silencio tras las descascaradas paredes de lo que otrora fuera concebido como estación de tranvías y/o embarcadero. Sí, las dos cosas, porque las versiones de los viejos vecinos son dispares y cuentan por ejemplo que el proyecto originario era abrir un canal que desde el río llegara hasta allí, para poder entrar y salir  con yates y veleros. Pero también afirman, los que sostienen la otra versión, como lo hace Margarita Vanna de Chiogna, quien supo que su suegro gestionó sin éxito una concesión de la línea de tranvías, que fuera desde el barrio hasta la playa...
Tal vez la verdadera historia sea diferente, y que no haya sido en 1924 que la municipalidad quilmeña tomó posesión de la "calle privada" y la abrió al uso público tal como hoy la conocemos, o sea exagerado el afirmar que, cuando muchos años después, los herederos del "hombre de los castllitos" pusieron en venta los terrenos, y se vendieron los lotes a $ 100 (cien pesos) cada uno (cada lote), y aquel donde está la estación de tranways y embarcadero, fue comprado pagando como si fuera un lote más con un árbol y no edificado...
Las cosas pueden ser algo distintas de lo que el recuerdo de quienes vivieron u oyeron en el viejo barrio cuentan, pero las casas (pocas) todavía están allí, por lo menos hasta 1973 y alguna queda en este 2015 que reescribo la nota, y el paisaje es otro con ellas en pie y tiene olor a historia y más que eso a leyenda. Como la que dicen que, a pocas cuadras de allí, donde todavía está la histórica casona de Santa Coloma, el mítico lugar en la que los invasores ingleses tuvieron que enfrentar la primera resistencia en 1806, estaba aún el ombú donde alguna vez atara su caballo don Juan Manuel de Rosas, para hacer una siesta a su sombra. Pero esa es otra historia.

Bernal y Buenos Aires 16 de febrero de 1973 y 1 de noviembre de 2015. Hugo Murno al pueblo de Bernal, mi lugar en el mundo allá y entonces desde 1945 hasta siempre...3 de noviembe de 2015

APÉNDICE
Juan Chiogna, siendo concejal, fue autor del proyecto de escudo en 1914, aceptado sin modificaciones por el H. C. D. En la sesión del 17 de febrero de 1915 presentó un proyecto de sello municipal que también fue aprobado. Ambos son los que se conocen hasta hoy como escudo y sello de Quilmes y la Municipalidad.

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