martes, 12 de junio de 2018

CRÓNICA POLICIAL


Era tarde en la noche. Las 11:30. Entró disparado a la redacción. Sus colegas lo miraron consternados por un rato, luego uno a uno se fueron yendo. Era común que tuviera ese aspecto como desencajado y obsesivo, entonces lo evitaban cautelosamente. Esta vez creyeron que era conveniente irse. El se sentó frente a su monitor, sacó la cubierta del teclado y con un movimiento violento la arrojo a su espalda. El aire volteó el peluche que le regaló su sobrino Eloy. Prendió la PC. Con el índice derecho en el enter, impaciente, apresurando al aparato que, fastidiado, parecía tomarse más tiempo que de costumbre. Entró en el Front Page y comenzó la nota:

                    “Era una mujer físicamente vulnerable. Alta de 38 años, cabellos teñidos rubios, ojos claros, tez pecosa y blanca. Alguien se metió en su casa del centro de Quilmes y la mató a trompadas y varias puñalada. Pareciera que previamente hubo una discusión violenta. Algunos vecinos confirmaron al cronista que escucharon gritos y una estruendosa voz de hombre. Otros lo vieron escapar en un Renault 12 con abolladuras y bastante sucio.

                     “El crimen fue en el día de hoy a las 21:30 horas. Voceros de la Policía explicaron que pese a que en la vivienda estaba todo revuelto, no había, en principios, indicios de que el atacante se hubiese llevado algo de valor. Hasta este momento no hay detenidos por el caso. La colaboración de los vecinos y del cronista hacen sostener a los investigadores que las pistas están encaminadas y son claras.

                     “Zulema Montoro había vivido en ese domicilio desde su infancia. Sus vecinos afirman que allí nació. Compartía esa casa de la calle Matienzo con su familia, padre, madre y un hermano que hace 15 años  vive en Pensylvania, EEUU. Después al casarse con Gerardo Papier se mudó al edificio del 314 de la misma calle. Tres años atrás, después de una relación tortuosa, donde no hubo hijos, se separó de su marido y regresó a la casa de su familia donde aún vivía su padre, su madre había fallecido poco después del casamiento de la víctima, quien había obtenido recientemente su divorcio y absurdamente había celebrado el acontecimiento el fin de semana anterior con parientes y amigos.

                        “Los vecinos afirman que, a pesar de la separación, el marido solía llegarse al domicilio y que siempre que lo hacía se generaban discusiones subidas de tono, hasta en la misma acera. El hombre no se había resignado. Le escribía con aerosol en los muros declaraciones amorosas. Enviaba  flores y solía  venir con paquetes, con los cuales también se retiraba  después que intervenía el padre de la mujer, quien afectado del corazón, fue víctima de estos altercados y murió el pasado 2 de marzo. Zulema Montoro tenía hechas varias denuncias por agresiones físicas y psíquicas contra su marido en la Comisaría 1° de la localidad. 
"Ninguna cerradura fue violentada, informan fuentes  fidedignas. Los investigadores ven un claro motivo pasional. Pareciera que el autor fue un conocido que entró sin problemas. Las habitaciones estaban revueltas como si se hubiera desarrollado una lucha, pero no hay evidencias de robo.

         “La fiscalía en lo criminal de Quilmes a cargo del Dr. Marcelo Fesquet Burno recibió a las 22 hs. una llamada telefónica denunciando el crimen. Comunicación que se supone se hizo desde el domicilio de la occisa…

- ¡Don Gerardo! ¡Ey! ¡Don Gerardo...! – El llamado del conserje del periódico, asomado a la puerta doble de la redacción lo sobresaltó, pero apenas sí levantó las manos del teclado manchado. Torció levemente la cabeza como para escuchar los pasos que venían hacia él... y siguió su relato: 

                      ... y que el asesino, sin lugar a dudas, fue su marido, enceguecido de odio por el anuncio que la mujer había hecho en la mencionada reunión de amigos, una semana atrás, cuando confirmó su unión con Cristian Herrera, Director de este periódico, "Faro Sur", con quien mantenía una relación desde hacía dos años y de quien esperaba un hijo...

Sus dedos resbalaban en el teclado, se pegoteaban. Sintió la sombra del portero detrás y se puso tenso.

- ¡Eh, señor Papier!... Le aviso que su Renault está mal estacionado... Lo dejó frente al garaje del diario... interrumpe la salida del coche del señor Herrera, que está apurado... recibió una llamada urgente y tiene que irse rápido. ¡Eh!... ¿Don Gerardo? ¿¡Me escucha don Gerardo!?...

El portero quedó mudo cuando vio, por sobre el hombro del cronista de policiales, las manos, los puños de la camisa y el saco ensangrentados; apoyó la mano sobre el respaldo de la silla y el rostro desencajado de Gerardo Papier, con los ojos desorbitados, giró y lo miró risueño. El conserje retiró la mano con precaución y fue retrocediendo de espaldas, paso a paso, cada vez más rápido, hacia la puerta.
CHALO AGNELLI 
7/6/93
Publicado en “Visión 12 – El desinformador” 
Quilmes, 2004 
Imagen: http://www.clasesdeperiodismo.com

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