lunes, 24 de octubre de 2016

UNA FUERTE LLUVIA VA A CAER



Bob Dylan (1941)

Oh, ¿dónde has estado mi hijo triste de los ojos azules?
Oh, ¿dónde has estado, querido mío?
He tropezado en las laderas de doce montañas brumosas,
he caminado y me he arrastrado por seis autopistas convulsionadas, he nadado de parranda en medio de siete bosques melancólicos, he estado frente a una docena de océanos muertos, he estado diez mil millas dentro de la boca de una tumba;
y es una fuerte, fuerte, fuerte,
y es una fuerte lluvia la que va a caer.
Oh, ¿qué viste mi hijo triste de los ojos azules?
Oh, ¿qué viste, mi pequeño querido?
Vi a un recién nacido rodeado de lobos salvajes;
vi una autopista de diamantes en la que no había nadie;
vi una rama negra con sangre que seguía chorreando;
vi un cuarto lleno de hombres con martillos ensangrentados;
vi una escalera blanca cubierta por el agua;
vi a diez mil charlatanes con las lenguas todas rotas;
vi revólveres y filosas espadas en manos de los pequeños;
y es una fuerte, fuerte, fuerte,
y es una fuerte lluvia la que va a caer.
Oh, ¿qué escuchaste mi hijo triste de los ojos azules?
¿Y qué escuchaste, mi pequeño querido?
Oí el sonido del trueno que bramaba una advertencia;
oí el rugido de una ola que podría ahogar al mundo entero;
oí cien tam-tams cuyas manos estaban incendiadas;
diez mil personas murmurando y nadie escuchaba;
oí morir de hambre y muchos se reían;
oí la canción de un poeta que murió en el arroyo;
oí el lamento de un payaso que lloraba en un callejón;
y es una fuerte, fuerte, fuerte,
y es una fuerte lluvia la que va a caer.
Oh, ¿a quién encontraste, mi hijo triste de los ojos azules?
¿A quién encontraste, querido mío?
Encontré a un chico al lado de un pony muerto;
encontré a un hombre blanco que paseaba a un perro negro;
encontré a una mujer con el cuerpo en llamas;
encontré a una chica que me regaló un arcoiris;
encontré a un hombre herido de amor;
http://jota-cuentagotas.blogspot.com.ar
encontré a otro hombre herido de odio;
y en una fuerte, fuerte, fuerte,
y es una fuerte lluvia la que va a caer.
Oh, ¿qué harás ahora, mi hijo triste de los ojos azules?
¿Qué harás ahora, querido mío?
Me voy fuera antes de que la lluvia empiece a caer,
caminaré hasta el espesor más oscuro del bosque más negro
donde hay mucha gente con las manos vacías,
donde las píldoras del veneno están inundando las aguas;
donde la casa del valle está junto a la prisión húmeda y sucia;
donde el rostro del verdugo está siempre bien escondido
donde el hambre es atroz, donde se olvidan las almas;
donde el color es negro y cero es el número.
Y lo diré y hablaré y pensaré y lo respiraré
y lo reflejaré desde la montaña para que todas las almas lo puedan ver,
Entonces me erguiré sobre el océano hasta empezar a hundirme, pero sabré bien mi canción antes de empezar a cantarla.
Y es una fuerte, fuerte, fuerte,
y es una fuerte lluvia la que va a caer.
http://www.animalpolitico.com // @NobelPrize



(A Hard Rain ’s Gonna Fall)
Premio Nóbel de Literatura, 2016
FUENTE:
Yánover, Héctor. “La mejor poesía” (selección) Seix Barral. 2ª edición, marzo 1998. Argentina.

miércoles, 12 de octubre de 2016

A LOS 350 AÑOS, OTRA PÁGINA PARA EL RECUERDO POR BLANCA COTTA



Otra página de Blanca Cotta [1] que festeja los 350 años de esta ciudad y partido. El eco de la anterior sobre Curtis y la Escuela Normal me mueve a transcribir esta, todas con un estilo tan fresco, sin ampulosidades, jocosa y en este caso sobe un pasado sin golpes bajos. Corresponde a la revista que publicó en el 2000 el Consejo Municipal de Turismo, [2] que tan buena obra realizó por aquellos años.  

“EL RECUERDO ES EL ÚNICO PARAÍSO DEL CUAL NO PODEMOS SER EXPULSADOS…”
Por Blanca Cotta
Alguna vez dije que amo a Quilmes... ¡Incluidas sus veredas desparejas y sus "lomos de burro"! Como se ama a un ser querido de verdad, más allá de la razón y más allá del tiempo. Vinimos a vivir a esta ciudad allá por 1932, cuando mi padre, Juan Manuel Cotta fue trasladado de La Pampa para asumir la Dirección de la escuela Normal. En Quilmes transcurrió toda mi infancia y adolescencia. ¿Cómo no seguir amando sus calles, sus árboles, su cielo, aquella plaza principal (la San Martín) donde - sí habíamos hecho buena letra - nos dejaban dar vueltas y vueltas (Hasta las 7 de la tarde, no más...) y, a veces, pasear también por la calle prin­cipal, ¡La Rivadavia!... Siempre y cuando no fuéramos más allá del café El Nacional...

Nuestra casa (No "nuestra" pues toda la vida por razones de "docencia" alquilábamos...) estaba en la calle Alsina, al ladito de un colegio inglés privado (el Miss Ross), frente a nuestra casa pasaba el tranvía (el N° 1 y el N° 2) que nos llevaba hasta el río, paseo que esperábamos toda la semana. En pleno verano, a mí y a mi hermano Roberto nos encantaba trepar en el vagón "acoplado", que parecía más un esqueleto de tranvía que un tranvía de verdad, pero que era divertido porque no tenía puertas y uno podía pasarse de un lugar a otro, como
si fuera una calesita... 
Ir al río a pasear, era el "miniturismo" que hacían entonces las familias conocidas. Cuando papá nos llevaba, estacionaba el auto frente a los escalones, pasando el lago. Porque existía allí un lago de verdad (artificial… bah!) donde a veces mi hermano Juan Ángel ponía a navegar sus barcos a vela...
Ya entrada la noche, a mí me encantaba acurrucarme al lado de mi papá, quien acostumbraba a sentarse en los escalones más bajos de la pérgola contemplando el cielo estrellado y sintiendo el chasquear el agua bajo nuestros pies…
Podíamos estar horas y horas mirando la luna, las estrellas, calladitos. El silen­cio solía ser nuestro cómplice.

Otras veces, nos organizábamos para pasar el día en la rambla. Mamá pre­paraba unos sándwiches así de gordos preparados con "pebetes", los cargá­bamos en la canasta y pasábamos la tarde en la rambla, yo haciendo como que nadaba en la pileta más baja y mis hermanos aprendiendo a nadar en serio con un profesor que gritaba tanto... ¡Qué frustró mis sueños de llegar a ser como Jeannette Campbell…(por tal razón mi "estilo", cuando me animo a levantar los pies del suelo, no va más allá que el de un perro callejero.) 
Después de bañarnos y cambiarnos, ya entrada la nochecita, nos apurábamos a ubicamos en los bancos de plaza ali­neados frente a una
enorme pantalla enclavada en el río; sabíamos que apenas oscureciera comenzaría el "cine de la rambla" y nos daría permiso para abrir la canasta y dar cuenta de los sándwiches de salame y queso, que eran los que más me gustaban... 
El ruido del agua golpeando sobre los hierros que sostenían la pantalla hacía muchas veces inaudibles los diálogos, si las películas estaban habladas en castellano. Pero igual nos encantaba estar allí, como si ese momento fuera el fin obligado de una tarde en familia. Todavía nos quedaba un
pretexto más para demorar el regreso a casa, ¡convencer a mamá o a papá de que nos dejara subir a "los autitos chocadores"!... o al menos divertirnos con las imágenes que nos devolvían los "espejos mágicos" que estaban al final de la rambla. A mí, por supuesto, me encantaba reflejarme en ése donde me veía flaquísima y altísima... 
Hay gente que dice que no se puede vivir de recuerdos. Es verdad, pero también es cierto que los recuerdos queridos forman parte de nuestra historieta de vida. “Tal vez - al decir de Kierkegaard [3] - vivir en el recuerdo sea el más perfecto modo de vida que se pueda imaginar...”
Blanca Cotta
Compilación Chalo Agnelli
Fotos: Museo Fotográfico, Alcibíades Rodríguez,
Carlos Scott, Fernando San Martín
NOTAS

[1] Ver en EL QUILMERO del sábado, 8 de octubre de 2016, A LOS 104 AÑOS DE LA ESCUELA NORMAL – A LA CAZA DE RECUERDOS POR BLANCA COTTA

http://lasletrasdelquilmero.blogspot.com.ar/2016/10/a-los-104-anos-de-la-escuela-normal-la.html
[2] Pág. 12 y 13.
[3] Søren Aabye Kierkegaard nació en Copenhague, Dinamarca, el 5 de
mayo de 1813 y falleció en esa ciudad el 11 de noviembre de 1855. Fue un prolífico filósofo y teólogo, considerado el padre del ‘existencialismo’ por hacer filosofía de la condición de la existencia humana, centrar su filosofía en el individuo y la subjetividad, en la libertad y la responsabilidad y en la desesperación y la angustia. (http://filosofia.idoneos.com)

sábado, 8 de octubre de 2016

PÁGINAS DE NUESTRO AMIGO HUDSON



ALLÁ ESTABA LA PATAGONIA

“... corrió la voz de que el barco había dejado de moverse y que estábamos clavados en la arena de la costa; aunque nada veíamos por la intensa oscuridad y yo tenía la impresición de que seguíamos avanzando rápidamente. El viento habia dejado de soplar y a través de las nubes que delante de nosotros se entreabrían con celeridad apareció para nuestro alborozo el primer resplandor del alba. Gradualmente la oscuridad se volvía menos intensa, sólo frente a nosotros quedaba una playa inmutable y negra corno una porción de las tinieblas que pocos minutos antes nos habían hecho confundir el cielo con el mar. Pero al aumentar la luz, comprobamos que se trataba de una hilera de montículos o médanos situados a muy pequeña distancia de la embarcación.
Realmente habiamos varado y aunque aquí el barco. estaba mas seguro que entre las puntiagudas rocas, la posición no dejaba de
ser peligrosa, de modo que inmediatamente resolví desembarcar. Otros tres pasajeros decidieron hacerme compañía, y como la marea estaba baja, calculando que el agua nos llegaría a la cintura, descendimos hasta el mar por medio de cuerdas, dirigiéndonos hacia la costa, a la que pronto llegamos. 
No tardamos en subir a los médanos para observar el panorama que ellos escondían. ¡La Patagonia estaba allí, por fin! ¡Cuán a menudo la había visto en mi imaginaciónl. Cuántas veces había deseado ardientemente visi­tar ese desierto solitario, no hollado por el hombre, para deseansar en la lejanía de su paz primitiva y desolada, apartado de la civilización! ¡Allí estaba, completamente abierto ante mis ojos, el desierto intacto, que despierta tan extraños sentimientos en nosotros; la antigua morada de los gigantes cuyas pisadas impresas en la playa asombraron a Magallanes y a su gente y le valieron el nombre de Patagonia!"
(Págs. 9 de “Días de ocio en la Patagonia
Marymar Ediciones - Buenos Aires 1975)
EL SABER DEL GAUCHO

"Los campesinos de Sudamérica creen que la lechosa exudación del sapo posée maravillosas propiedades medicinales. Es su único remedio contra el herpes, dolorosa y aún peligrosa enfermedad que los aqueja con frecuencia y para cuya curación aplican un sapo vivo sobre la parte afectada. Me atrevo a asegurar que los médicos que lean esto han de sonreir al enterarse de semejante procedimiento, pero, si no me equivoco, los doctos de pasados tiempos han reído a su vez ante el empleo de otros específicos utilizados por el vulgo, que hoy en día ocupan honoríficos lugares en la farmacopea, la pepsina, por ejemplo.
Hace mas de dos siglos, lo que en Sudamérica signifi­ca mucho tiempo, los gauchos tenian la costumbre de se­car y pulverizar la membrana que cubre el estómago del avestruz, para curar la mala digestión. Ese remedio goza todavía de popularidad. La ciencia. se ha puesto de parte de los gauchos y, actualmente, el boleador de avestruces obtiene doble ganancia, una es la que les proporcionan las plumas y otra la de los estómagos secados y pulverizados que remite a los boticarios de Buenos Aires. Sin embargo, antes se decía que comer estómago de avestruz para me­jorar la digestión era tan absurdo corno ingerir plumas de pájaros para poder volar."
(Págs. 87 / 88 de “El naturalista en el Plata” 
Emeeé Editores - Buenos Aires. 1953)
Compilación Chalo Agnelli

A LOS 104 AÑOS DE LA ESCUELA NORMAL – A LA CAZA DE RECUERDOS POR BLANCA COTTA



¡Quién no recuerda las notas gastronómicas amenizadas con misceláneas que la señora Blanca Cotta brindaba en la revista de
Clarín de los domingos! En muchas de ellas SU Quilmes estaba presente, su infancia, sus amigos y entre todo sobresalía SU, nuestra, Escuela Normal Nacional Mixta de Quilmes, hoy Instituto Superior de Formación
Docente N° 104. Donde Blanca estudió y su padre Juan Manuel Cotta [1] fue el segundo director durante largo tiempo dejando un rasgo indeleble. Este año ‘la Normal” cumple 104 años y su primera promoción un Centenario. Por estas fechas a los ‘normalistas’ nos vale homenajear estas fechas con algunas páginas invalorables.
  

DE AQUÍ, DE ALLÁ Y DE MI ABUELA TAMBIÉN
Por la señora Blanca Cotta,
octubre de 1991.
Mi cueva de trabajo se enriqueció de golpe: he colgado un comboloi (si usted es griego me entenderá...) [2] junto a las fotos de los seres que amo... en una cajita de cristal que me regaló Cachita Redondo he encerrado un puñadito de tierra de la Acrópolis... en otra cajita de cerámica (regalo de Ale y María Gracia), unas piedritas blancas igualmente grie­gas… No. No estoy delirando. Un tesoro como este no se compra: se gana. Y no me lo gané yo, precisamente, sino mi padre - hace tiempo - y sin proponérselo. Le cuento... Cuando hace añares (¡Yo tenía 6 años!) papá le tendió una mano a Curtis [3] nombrándolo chocolatinero ofi­cial de la escuela (con aprobación del Ministerio) para que con su trabajo pu­diera mantener dignamente a su familia, sin darse cuenta dejó caer la semilla de su proverbial bondad en una tierra fértil que, con el tiempo, fructificaría en una
cosecha de oro: la gratitud. Pasaron muchos años. Desde aquel entonces no había vuelto a ver a mi “ángel guardián” que un buen día, por arte de magia, me regaló la figurita del tucán (la difícil...) para que pudiera completar mi álbum ¡Y ganarme una bicicleta blanca! Ayer me enteré por Carmen, su hija (que sigue atendiendo con el mismo cariño de su padre el trabajo que él le dejó), que de allá y de mi abuela también “nuestro” querido Curtís y su señora cumplían - ¡El mismo día! - 86 años. ¿Cómo no acercarme a darle un beso a este “vendedor de ilusiones” de todos los que pasamos por la Escuela Normal de Quilmes? Y fui con Carlos a su casa, y lo encontramos felicísimo junto a su esposa y físicamente igual a como yo me lo había grabado en la memoria del cora­zón. Bueno... tal vez un poco más gordito... ¡bah! Pero igualito al Curtis de ayer: cariñoso, simpático, vivaz, agradeci­do… y ¡y con una memoria prodigiosa! ¡Ah, los sándwiches que siempre le sacá­bamos fiado y de los que nunca llevába­mos cuenta!... Enseguida comenzó a recordar nombres queridos: Jorge Sabato... Salinas... “¡Si se ponen a llorar, nos vamos!”, les dije, retándolos como a veces lo hacía con
mamá, al ver que los ojitos de él y de Carmen comen­zaban a lagrimear nostalgias. Y cambia­mos de tema. Todo el hogar respiraba a Grecia, símbolo eterno de la cultura uni­versal, parte importante del paraíso don­de navegaban nuestros sueños y que arrancaban, quizá, desde nuestro primer encuentro con La Ilíada... Entonces empezamos a curiosear las paredes: símbolos tradicionales, fotos, muñecas con trajes típicos y, sobre el escritorio de Carmen, la bandera argentina junto a la griega... Dos patrias. Dos amores. Dos pasiones. No hay duda-pensé conmovi­da- el amor al terruño es la verdadera levadura moral de los pueblos... Yo también tengo en mi cueva de trabajo una bandera argentina y la foto dedicada de quien nos puso en camino para defen­der la democracia. Gracias, Carmen, por invitarme a tu casa, Estoy segura de que a partir de hoy los que pasamos por la Escuela Normal de Quilmes y engor­damos a cuenta de tu padre, todos los 15 de junio -estemos donde estemos- grita­remos desde el fondo de nuestros corazones: “¡Feliz cumpleaños, Curtis!...” Y él sabrá escuchar todas las voces. “Querer es querer creer...” (Unamuno) […]
Sra. Blanca Cotta 
Compilación Chalo Agnelli
Miembro de EXANQUI 
Colaboración, señoras Blanca Cotta, Patricia y Graciela Skilton
NOTAS

[1] Ver en EL QUILMERO del lunes, 27 de julio de 2009, JUAN MANUEL COTTA http://elquilmero.blogspot.com.ar/2009/07/juan-manuel-cotta.html 

[2] El kombolói es un popular juguete griego con cuentas, similar a un rosario pero sin un fin religioso. Se utiliza como pasatiempo, método relajante de control del estrés y como método para controlar la ansiedad. 

[3] Ver en EL QUILMERO del miércoles, 18 de mayo de 2016, EL QUIOSCO DE LA ESCUELA NORMAL DE QUILMES - MINAS Y CARMEN CURTIS

http://elquilmero.blogspot.com.ar/2016/05/el-quiosco-de-la-escuela-normal-de.html