martes, 8 de marzo de 2016

LA PALABRA - HONORATO DE BALZAC



¿No ha encontrado muchas veces placer el estudiante al buscar el sentido proba­ble de un sustantivo desconocido?
- A menudo - me decía él, hablando de sus lecturas — he realizado deliciosos viajes, embar­cado en una palabra por los abismos de lo pa­sado, como el insecto posado sobre cualquier brizna de hierba que flota a gusto de la corrien­te. Habiendo partido de Grecia, yo llegaba a Roma y atravesaba la extensión de las edades modernas ¡Qué hermoso libro se podría escri­bir contando la vida y las aventuras de una pa­labra! Sin duda, ésta ha recibido diversas im­presiones de los sucesos a los cuales ha servido; según los lugares, ha despertado ideas diferen­tes; pero ¿No es más notable aún considerarla en el triple aspecto del alma, del cuerpo y del movimiento? Al observarla, habiendo hecho abstracción de sus funciones, de sus efectos y de sus actos, ¿No es probable caer en un océano de reflexiones? La mayoría de las palabras ¿No están teñidas de las ideas que representan exteriormente ¿A qué genio se deben? Si hace falta una gran inteligencia para crear una palabra ¿Qué edad tiene, pues, la palabra huma­na: La reunión de letras, sus formas, la figura que dan a una palabra, dibujan exactamente, siguiendo el carácter de cada pueblo, seres des­conocidos cuyo recuerdo está en nosotros? ¿Quién nos explicará filosóficamente la transi­ción de la sensación al pensamiento, del pensa­miento a la palabra, de la palabra a su expre­sión-jeroglífica, de los jeroglíficos al alfabeto y del alfabeto a la elocuencia escrita, cuya be­lleza reside en una sucesión de imágenes clasi­ficadas por los retóricos, y que son como los jeroglíficos del pensamiento? La antigua pintura de las ideas humanas configuradas por las formas zoológicas ¿No habrá determinado los primeros signos de los qué se ha servido el Oriente para escribir sus lenguas? Luego, ¿No habrá dejado tradicionalmente algunos vesti­gios en nuestras lenguas modernas, que todas se han repartido los restos de la palabra primi­tiva de las naciones, palabra majestuosa y so­lemne, majestuosidad y solemnidad que decre­cen a medida que envejecen las sociedades; cu­yas resonancias tan sonoras en la Biblia hebrea y tan bellas aún en Grecia, se debilitan a tra­vés de los progresos de nuestras civilizaciones sucesivas? ¿Es a este antiguo espíritu que debe­mos los misterios escondidos en toda palabra humana? ¿No se nota en el sonido breve que exige una vaga imagen de la casta desnudez, de la simplicidad de la verdad en todas las cosas? Estás dos sílabas respiran no sé qué frescura. He tomado como ejemplo la fórmula de una idea abstracta, no queriendo explicar el proble­ma con una palabra que lo hiciese demasiado fácil de Comprender, como el de VUELO, don­de todo habla a los sentidos. ¿No ocurre así con cada verbo? Todos tienen impreso un viviente poderío que sacan del alma y que le restituyen por los misterios de una acción y de una re­acción maravillosa entre la palabra y el pensamiento. Sólo por su fisonomía las palabras reaniman en muestro cerebro las criaturas a las cuales sirven de ropaje. Parecidas a todos los seres, no tienen sino un lugar donde sus pro­piedades pueden actuar plenamente y desarro­llarse. ¡Pero este asunto importa quizás una ciencia entera!
La palabra no tiene nada de absoluta: noso­tros actuamos sobre la palabra más que ella sobre nosotros; su fuerza está en razón de las imágenes que hemos adquirido y que agrupamos en ella.
 Caricatura de Honorato de Balzac de su época, La Prensa, 8/11/1970.
HONORATO DE BALZAC (1799/1850) novelista francés. Autor de la monumental serie de novelas reunidas en “La Comedia Humana”.

A “Louis Lambert” corresponde la página transcripta.  

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