lunes, 14 de septiembre de 2015

EL OMBÚ... LUIS L. DOMÍNGUEZ, BARTOLOMÉ MITRE...



En 1858, Marcos Sastre (1808 – 1887) escritor y educador, publicó “El Tempe Argentino”, un estudio más lírico que científico sobre la flora, la fauna y la geografía del Delta del Paraná, ilustrado con grabados hechos por el autor. Además de los consabidos estudios de la flora y fauna evolucionada, contenía estudios sobre los insectos, hongos y helechos de la zona, toda una novedad en su tiempo. El libro contenía aportes de otros autores de la época. En este caso el ombú es el protagonista vegetal, enseñorado en la vasta llanura pampeana y la región rioplatense.


"EL OMBÚ" [1]

Cada comarca en la tierra
Tiene un rasgo prominente;
El Brasil su sol ardiente,
Minas de plata el Perú,
Montevideo su Cerro,
Buenos Aires, patria hermosa.

Tiene su Pampa grandiosa,
La Pampa tiene el ombú.
................................

No hay allí bosques frondosos,
Pero alguna vez asoma
En la cumbre de una loma
Que se alcanza a divisar,
El ombú solemne, aislado,
De gallarda, airosa planta,
Que a las nubes se levanta
Como el faro de aquel mar.

¡El ombú! Ninguno sabe
En qué tiempo ni qué mano
En el centro de aquel llano
Su semilla derramó:
Mas su tronco tan nudoso.
Su corteza tan roída,
Bien demuestran que su vida
Cien inviernos resistió.

Al mirar cómo derrama
Su raíz sobre la tierra,

Y sus dientes allí entierra
Y se afirma con afán,
Parece que alguien le dijo
Cuando se alzaba altanero:
Ten cuidado del pampero,
Que es tremendo su huracán.

Puesto en medio del desierto,
El ombú como un amigo,
Presta a todos el abrigo
De sus ramas con amor;
Hace techo de sus hojas
Que no filtra el aguacero,
Y a su sombra el sol de enero
Templa el rayo abrasador.

Cual museo de la Pampa,
Muchas razas él cobija;
La rastrera lagartija
Hace cuevas a su pie;
Todo pájaro hace nido
Del gigante en la cabeza:
Y un enjambre en su corteza

De insectos varios se ve.
Y al teñir la aurora el cielo
De rubí, topacio y oro,
De allí sube a Dios el coro
Que le entona al despertar
Esa Pampa, misteriosa
Todavía para el hombre,
Que a una raza da su nombre
Que nadie pudo domar.

¡Cuánta escena vio en silencio!
¡Cuántas voces ha escuchado
Que en sus hojas ha guardado
Con eterna lealtad!
El estrépito de guerra
Su quietud ha interrumpido;
A su pie se ha combatido
Por amor y libertad.

En su tronco se leen cifras
grabadas con el cuchillo.
Quizá por algún caudillo
Que a los indios venció allí;
Por uno de esos valientes
Dignos de fama y de gloria,
Y que no dejan memoria
Porque murieron aquí.

A su sombra melancólica
En una noche serena,
Amorosa cantilena

Tal vez un gaucho cantó;
Y tan tierna su guitarra
Acompañó sus congojas,
Que el ombú de entre sus hojas
Tomó rocío y lloró.

Sobre su tronco sentado
El señor de aquella tierra,
De su ganado la yerra
Presencia, alegre tal vez;
O tomando el matecito
Bajos sus ramos frondosos,
Pone en paz a dos esposos,
O en las carreras es juez.

A su pie trazan sus planes,
Haciendo círculo al fuego,
Los que van a salir luego
A correr el avestruz...
Y quizá para recuerdo
De que allí murió un cristiano,
Levantó piadosa mano,
Bajo su copa una cruz.

Y si en pos de larga ausencia
Vuelve el gaucho a su Partido,
Echa penas al olvido
Cuando alcanza a divisar
El ombú, solemne, aislado,
De gallarda, airosa planta,
Que a las nubes se levanta
Como el faro de aquel mar.
 
Luis L. Domínguez en “América Poética”


"A UN OMBÚ"

Eres la verde guirnalda
De la cabaña pajiza
Que va marchando de prisa
Con el pasado en la espalda
Y a tu frente el porvenir.

Donde huye la turba errante
Y clava el hombre su planta,
Tu cabeza se levanta
Cual la de inmenso gigante
Que está diciendo: Hasta aquí.

Tú señalas las barreras
Que dividen al desierto,
Y oyes el vago concierto
Que alzan las auras ligeras
De la pampa en el umbral.

Eres lo último que muere
De la morada del hombre,
Y aunque en tu tronco no hay nombre,
Estás diciendo al viajero,
Que allí descansó un mortal.

Mas ¿qué miras? ¿La campaña
Que a lo lejos se dilata,
El arroyuelo del plata,
El cielo que nada empaña,
O el inmenso pajonal?

No, tú miras a lo lejos,
Al transponer aquel monte
En el lejano horizonte,
Como en mágicos espejos
Lo que es y lo que será.

Miras la Pampa argentina
De ciudades matizada,
Y por mil naves surcada
La laguna cristalina
Que hoy cubre verde juncal;
Miras la pobre cabaña
Que en palacio se transforma,
Y que al tomar nueva forma
Una nueva luz la baña

Con resplandor sin igual.
Miras al indio tostado
Que lanzando un alarido,
Va huyendo despavorido
Por el llano dilatado
En pavoroso tropel;
Y tras él el tigre fiero
Que abandona su dominio,
Hoy, teatro del exterminio.
Que ocupa un pueblo altanero
Y que transforma en verjel.

No pases más adelante,
Que más lejos, abatido,
Marchito y descolorido,
Verás al ombú gigante,
Hoy de la pradera rey,
Y en su lugar la corona
Verás alzarse del pino,
Que unido al hierro y al lino,
Sirve al hombre en toda zona
Para dar al mundo ley.

Ese destino te espera,

Árbol cuya vista asombra,
Que al caminante das sombra
Sin dar al rancho madera,
Ni al fuego una astila dar:
Recorrerás el desierto,
Cual mensajero de vida,
Y, tu misión concluída,
Caerás cual cadáver yerto
Bajo el pino secular.

Por Bartolomé Mitre de “Rimas”


NOTA
[1] Phytolacca dioica, el ombú o bellasombra, es una especie arborescente perteneciente a la familia Phytolaccaceae. Nativa de la pampa. Forma parte de las tradiciones de la llanura pampeana y la costa rioplatense de la República Oreinta ldel Uruguay. Se dice erróneamente que fue introducida por primera vez en España por Hernando Colón, hijo de Cristobal Colón que plantó ejemplares en Sevilla, uno de ellos en el Monasterio de la Cartuja de Sevilla. Aunque es sabido que Hernando Colón no visitó nunca el actual territorio de la República Argentina n isus países limítrofes.

FUENTES
“El Tempe Argentino”.Coedición Biblioteca Nacional – Editorial Colihue. Colección Los Raros.

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