lunes, 25 de agosto de 2014

SIEMPRE CORTAZAR...

Tenía 14 años cuando leí por primera vez a Cortázar. Era 1960. "Bestiario". Fue un regalo que me hizo para mi cumpleaños
Carmen Mandile, amiga de mi madre, quien como integrante de la comisión directiva de la Biblioteca Popular Pedro Goyena acababa de leer el libro que alguien donó a esa institución recientemente creada y le pareció exacto para mi pasión lectora.  Yo no conocía al autor, nunca lo había sentido nombrar, creo. Tres cuentos de ese libro cambiaron mi salvaje y desordenado gusto por la lectura: Casa Tomada, Circe y Bestiario. Eso fue suficiente para correr a la librería "El Inglés" y pedí a sus dueños Alicia Bornand y su esposo Osvaldo Carbone, más de ese tal Cortázar. Prometieron traérmelo a la brevedad y así llegué a "Final del juego" y "Las armas secretas". En la librería Sarmiento, encontré y navegué luego con "Los premios" y de allí salté por largo tiempo a "Rayuela", que fue libro de viaje, pues en 1964, viajé a Venezuela donde permanecí poco más de un año y durante todo ese tiempo leí "Rayuela" en todas las posibilidades que habilita.
Este año, en el Centenario del nacimiento de Cortázar y a 30 años de su fallecimiento, hacen 54 años que sigo leyendo sus siempre últimas obras literarias... cuando releo todo lo que leí de Julio... y leí todo...
Van dos textos de "Rayuela":



TESTIMONIO

“Contrariamente al estrecho criterio de muchos que confunden literatura con pedagogía, literatura con enseñanza, literatura con adoctrinamiento ideológico, un escritor revolucionario tiene todo el derecho de dirigirse a un lector mucho más complejo, mucho más exigente en materia espiritual de lo que imagi­nan los escritores y los críticos improvisados por las circunstancias y convencidos de que su mundo personal es el único mundo existente, de que las preocupaciones del momento son las únicas preocupaciones válidas (...). ¡Cuidado con la fácil demagogia de exigir una literatura accesible a todo el mundo! Muchos de los que la apoyan no, tienen otra razón para hacerlo que la de su evidente incapacidad para comprender una literatura de mayor, alcance. Piden clamorosamente temas popula­res, sin sospechar que muchas veces el lector, por más sencillo que sea, distinguirá instintivamente entre un cuento popular mal escrito y un cuento más difícil y complejo pero que lo obligará a salir por un momento de su pequeño mundo circundante y le mostrará otra
cosa, sea lo que sea, pero otra cosa, algo diferente, Por supuesto, sería ingenuo creer que toda gran obra puede ser comprendida y admirada por las gentes sencillas; no es así, y no puede serlo.
Pero la admiración que provocan las tragedias griegas o las de Shakespeare, el interés apasionado que despiertan muchos cuentos y novelas nada sencillos ni accesibles, debería hacer sospechar a los partidarios del mal llamado “arte popular” que su noción de pueblo es parcial, injusta, y en último término peligrosa. No se le hace ningún favor al pueblo si se le propone una literatura que pueda asimilar sin esfuerzo, pasivamente, como quien va al cine a ver películas de cowboys. Lo que hay que hacer es educarlo, y eso es en una primera etapa tarea pedagógica y no literaria. Tal posición — vale anotarlo — coincide exactamente con la que planteó y defendió Vladimir Maiakóvski en su poema “Mássam niéponiátnó” (“incomprensible a las masas”, 1927) y en el texto teórico “Los obreros y los campesinos no comprenden lo que usted dice” (1928)
Revista Casa de las Américas, Nº 15/16, 1962/63

                                     OTRO AMOR
“Amor mío, no te quiero por vos ni por mí ni por los dos juntos, no te quiero porque las sangre me llame a quererte, te quiero porque no sos mía, porque estás del otro lado, ahí donde me invitás a saltar y no puedo dar el salto, porque en lo más profundo de la
posesión no estás en mí, no te alcanzo, no paso de tu cuerpos de tu risa, hay horas en que me atormenta que me ames (como te gusta usar el verbo amar, con qué cursilería lo vas dejando caer sobre los platos, las sábanas y los auto­buses), me atormenta tu amor que no me sirve de puente porque un puente no se sostiene de un solo lado, jamás Wright ni Le Corbusíer van a hacer un puente sostenido de un solo lado, y no me mires con esos ojos de pájaro, para vos la operación del amor es tan sencilla, te curarás antes que yo y eso que me querés como yo no te quiero. Claro que te curarás, porque vivís en la salud, después de mí será cualquier otro, eso se cambia como los corpiños. Tan triste oyendo al cínico Horacio que quiere un amor pasaporte, amor pasamontañas, amor llave, amor revólver, amor que le dé los mil ojos de Argos, la ubicuidad, el silencio desde donde la música es posible, la raíz desde donde se podría empezar a tejer una lengua. Y es tonto por­que todo eso duerme un poco en vos, no habría más que sumergirte en un vaso de agua como una flor japonesa y poco a poco empezarían a brotar los pétalos colorea­dos, se hincharían las formas combadas, crecería la hermosura. Dadora de infinito, yo no sé tomar, perdóname. Me estás alcanzando una manzana y yo he dejado los dientes en la mesa de luz. Stop, ya está bien así. También puedo ser grosero, fíjate. Pero fíjate bien, porque no es gratuito.” Cortazar, J. “Rayuela”.Cap. 93) 
Chalo Agnelli

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