martes, 25 de septiembre de 2012

"UTOPIA" RELATO DE HÉCTOR ACOSTA


Pasó en mi barrio...
Héctor Acosta
La prevista convocatoria elecciones para elegir autoridades del “Círculo Literario de Bernal” alteró el somnoliento rit­mo en el que el ambiente vegetaba. Perennes intereses y sordas rencillas se irían a dirimir en el acto estatutario.
Pre­suroso declaro mi total incapacidad para explicar las mañas y argucias a las que los contendientes recurrirían para impo­ner el criterio que sustentase las respectivas candidaturas. Un alentador viento de imaginación agilizó las anquilosadas mentes. La creatividad, esa exigua característica local, fue incentivada por la importancia del acontecimiento que cíclicamente se repetía cada cuatro años y que daba a los ganadores de la incruenta contienda un lustre social que con creces recompensaría los esfuerzos que la fatigosa campa­ña electoral les demandaría.
No hubo abstenciones de nin­gún tipo. Absolutamente todos estaban enredados en alguna maquinación de pretensiones exactamente un escalón arri­ba de sus reales capacidades. El doctor Ramondi (entre nosotros, mediocre poeta) aspiraba a su tercera reelección consecutiva. El contador Arestizábal, cabeza visible de la ante­rior oposición, se pasó olímpicamente al bando oficialista del susodicho Ramondi y el tinterillo Pérez Castro urdió sus tramoyas en pos del codiciado puesto de tesorero.
Furiosos relámpagos de, odios y artificios de promesas en­cendían los apacibles cielos bernalenses. Las candidaturas se escindían o aglutinaban al cambiante juego de las posibilidades. Todos sospechaban de todos en un resquemor co­lectivo dictado por la propia inconducta. Las promesas va­raban desde los atendibles derechos de autor hasta los indecorosos descuentos en las librerías (3 % exhibiendo la última cuota al día).
El momento de la verdad, domingo a las 18 horas, en el local de la Sociedad de Fomento, que esta institución arrendaba módicamente a los intelectuales, consistió en el acto de abrir la única urna y que dejó consternados a todos los allí presentes. La lista ganadora, por el inusitado 80 % de los sufragios emiti­dos, fue la hasta ese momento anodina agrupación “Unión y Benevolencia”, presidida por el oscuro prosista Francisco Cacamucazzo, de obra inédita y discutible alfabetización.
El doctor Ramondi estaba estupefacto. El había considerado invencible la originalidad de la carta, que por correo había hecho llegar a los sufragantes a sus domicilios, con el mem­brete de la Institución grabado en dorado y un saludo manus­crito en tinta azul que, emotivo, remataba las propuestas y que decía: “les hago llegar mi afectuoso saludo con un fuerte abrazo sobre mi corazón”.
Muchos dudaron que fuera el mismo doctor Ramondi que a las tardes, veían pasar arrogan­te, con cierto elegante desdén, ayudado por su bastón con mago de plata, por el andén oeste de la estación de Bernal.
Pero remitámonos a la propuesta del triunfante Cacamucaz­zo. ¿Por qué tamaña sorpresa? Fue debido a que el éxito de a lista triunfadora se basó en su breve y tentadora plataforma electoral. Previamente, para comprender en toda su amplitud dicha propuesta, debemos explicar el deplorable estado cultural de la zona, estragado por la desidia y el abusivo uso del televi­sor.
Enunciado esto y con la inestimable colaboración de vues­tra imaginación, estamos, ya sí, en disposición favorable de com­prender la promesa en toda su alentadora dimensión. El advenedizo prosista Cacamucazzo juramentó, volantes me­diante, que de triunfar su lista lucharía hasta concretar, en el período de su mandato, el logro de tener por cada escritor un lector.
Reconozcamos que dicha solemne quimera justificaba el 80 %.
- Ingenuidad la de ustedes en creer algo tan fantástico. Es demasiado. No lo va a poder cumplir. En el “Círculo Literario” somos en total quince socios. ¡Quién puede creer, honestamente, que en todo Bernal se pueda llegar a la fantástica cantidad de quince lectores...! - mascullaba amargado el doc­tor Ramondi, que encarando a un contertulio de su cofradía airado le inquirió.
- ¡Y usted debe ser uno de esos incautos... dígame! ¿Por qué lo votó?
- ... Y... ocurre que a mí me seducen las utopías.

P/D- Francisco Cacamucazzo renunció, insólitamente, a los tres días de asumir el cargo. Alegó que su postulación como candidato fue para saber si poseía dotes en “el arte de la persuasión”. Comprobado lo cual se pasó olímpicamente de literato a publicista.
Precoz intuición la suya al prever que los destinos de la huma­nidad quedarían en manos de los publicistas. Desde que pa­pel higiénico usar hasta el maquillaje conveniente a un candi­dato presencial.
Por mi parte, debo confesar que hoy, treinta años después, puedo atestiguar que Cacamucazzo era un visionario.

Por Héctor Acosta
prima­vera de 1997
del periódico “Bernales”
de Norberto Giallombardo
abril 2012

lunes, 24 de septiembre de 2012

"KEKO EL VERDULERO" RELATO DE HÉCTOR ACOSTA

Pasó en mi barrio...

Por Héctor Acosta

Seré franco: del asunto que hoy recordaremos hay cosas que se me borraron de la memoria y como por ahí aún hoy debe haber gente que lo tenga me­jor presente que uno pido la indulgencia necesaria para completar el relato. Al hombre lo apodábamos «Keko» era un italiano de baja estatura y con los ojos reventones de asombro y de vino. Digamos que dicho apodo lo ponía furioso por lo que nos abs­teníamos de decírselo y lo llamábamos “don Fran­cisco”.
Fue famosa su costumbre de encontrar gallinas de muertes inciertas en la calle y llevarlas a su casa para comerlas en memorables pucheros (adelanto que el hombre no murió intoxicado)
A su tobiana la llamaba “Beba” y fue por años su fiel y servicial compañera de trabajo y de pa­rrandas. Tiraba sumisa el carrito de media changa con el cual recorría las embarradas calles de aquel Bernal de entonces. La yegüita conocía de me­moria el recorrido del reparto del verdulero, cosa que no provocaba mayor asombro, pero otro asue­to era el variado recorrido nocturno que de boliche en boliche y de barrio en barrio, el animal parecía retener. Eso era cosa sospechada.
Lo notorio ocu­rrió una ignota noche de vaya a saberse que año. “Keko”, el tano verdulero del célebre carrito cre­ma, fileteado en bordó con cintas argentinas e ita­lianas y sendos carteles en sus laterales que de­cían “La flor de Castelvetrano, levantó a un amigo de ocasión y se fueron de copas a un perdi­do tugurio de borrachos en un lejano barrio, que luego supuso sería allá por Lanús o quizás Lomas de Zamora.
El camino de ida se le hizo al verdule­ro «Keko» intrincado, recargado de vueltas, barre­ras y barrios bravíos, por lo que perdió la noción de la orientación. Guiado por el amigo de copas, tabaco carrero y algo más, llegaron a una fonda de baja estofa.
Ahí, en ese sombrío antro de perdición, iniciaron una juerga que descalabró a “Keko”, quién a eso de las dos de la madrugada tiró la toalla y abando­nando al amigo, bamboleándose y a los tropezones por la borrachera, como pudo desató la manea de la yegüita y se tiró arriba del carro, soltó las ríendas y se arrebujó en una piel de cordero a dormir su sueño de pecador.
El noble animal quizás haya intuido que por la situación de aquel pobre Cristo no era capaz de volver por las suyas en aquel estado. El caso fue que “Beba” tranco a tranco, muy quedamente, inició un retorno que se presentaba incierto.
En la osca no­che pasó una negra locomotora a vapor que frago­rosa de fumarolas y metales la espantó y, enco­giendo la grupa, inició un asustado galope que fue sosegando allá a las cuadras.
Se cruzó con fantas­males tranvías de amarillentas luces y forzado tra­queteo que llevaban a borrosos maniquíes que por momentos parecían algo así como seres humanos.
Luego siguió bajo un estrellado firmamento de fi­nales de otoño; mojados por un tenue rocío sus pasos resonaban en el empedrado de misteriosas calles, iluminados por faroles ferroviarios que se mecían en adormiladas barreras con rojizos des­tellos y sin errarle a un sola calle, a eso de las dos horas de cancina marcha, desembocaron en la ave­nida Dardo Rocha.
La hermana de “Keko” en vela por la tardanza, es­cuchó en el fondo de la noche, allá a lo lejos, el quedo tranco de la yegüita cuyos herrados vasos resonaban en las piedras sacudiendo el silencio.
“Son ellos”, se dijo. Y saltando de la cama fue a bajar al descarriado verdulero. Desató a la “Beba” le dio una palmada de cariño y la “Beba”, sumisa, se fue sólita al establo que distaba a dos cuadras de allí, en la Cañada de Bernal Oeste, del otro lado del camino carretero.
La pobre mujer, analfabeta en castellano y en el idioma del Dante, se permitió una íntima disquisi­ción filosófica. Cavilando se dijo mirando a la ye­güita y pensando en su hermano.
- No nos asombremos, seamos humildes; a veces un hombre es mucho menos que un animal.
Y no estaba errada.
Héctor Acosta
Artista plástico y escritor y vecino de Bernal
Otoño 2012)
Tomado de “Bernales” periódico de Norberto Giallombardo
Mayo, 2012.
Fotos. 1ª.- Roberto Sánchez; 2ª Flia Elisiri

domingo, 23 de septiembre de 2012

"MILAGRO EN BERNAL..." CUENTO DE HÉCTOR ACOSTA

Pasó en mi barrio...

De Héctor Acosta
Lo que se pasa a relatar es lo referido por mi tío ma­terno Francisco Olivari en una tediosa tarde de mate, lluvia y una historia por demás enigmática.
Lo ocurrido fue allá por la década del '30 del siglo anterior. Fue en época de unas elecciones que como después la posteridad supo fueron viciadas de malas artes. Pero eso, tío Francisco lo ignoraba y, seamos fran­cos, debido a su juventud y cierta indolencia lo te­nían sin cuidado. Lo cierto es que el hombre se dirigió a un comité oficialista que en una ignota calle de tierra funcionaba con sus principales atractivos: una aparato de música desde donde se propalaban grandilocuentes consignas partidarias, el laborioso rasgueo de un guitarrero y el revolear de una taba que agitaba los ánimos de parroquianos que tenían un ojo en el juego y el otro en un asador donde lentamente se doraba una carne que emanaba ten­tadora humareda.
Fue recibido muy paternalmente por un veterano paisano de bombacha bataraza que sujetaba con una faja negra en la cual calaba un cuchillito de mango de plata que en un principio lo intimidó. Pero no, el hombre le inquirió a usanza campera
- ¿Que le anda pasando amigazo?
Tío le explicó con palabras entrecortadas.
- Quiero buscar en el padrón para saber donde voto.
- Ajá, con que eso había sido, yo creía que se me venía a afiliar - dijo con un dejo socarrón - ¿Cómo es su apellido, Olivari me dijo? Busque en este padrón.
Tío Francisco aguzó la vista y se comenzó a buscar; Olindi, Olivar, Olivari... aquí está. Luego indagó en la efe. Y con estupor leyó. Federico Olivari, Fortunato José Olivari y yo Francisco Olivari, todos con domicilio en De Pinedo 286 de Bernal.
- ¡Pero carajo! ¡Si tío Federico murió hace dieciocho años y papá Fortunato hace 23 años!
Con el mayor de los asombros se dirigió a un caduco escritorio donde orondo reinaba un adusto personaje de ponchito ma­rrón fumando en boquilla de nácar. Le explicó lo mejor que pudo la imposibilidad de aquello.
El caudillo (tal había sido) pensó dos segundos, golpeteó con su ani­llado dedo en la boquilla y descargo la ceniza del ciga­rrillo (mentolado de 20 centavos) y mirándolo fijo, bien fijo por encima de sus gruesos lentes de carey que le otorgaban un equívoco aire de intelectual, despacioso le disparó:
- Joven... ¿Usted está insinuando algo?
Francisco Olivari salió de aquel comité con el descon­cierto pintado en su rostro, pero como no era hombre de entregarse así nomás, se estableció que quizás es­taba a punto de presenciar un verdadero milagro como divino acto de iluminación.
Lo sintió lindando con el misterio y aún con el misticismo.
-¿Bueno, quién dice... yo los voy a esperar... en una de esas vuelven?
A gusto se engañó a sí mismo. Palpitó en su pecho algo así como una revelación apunto de develarse. No pudo ni quiso traicionar esa loca corazonada.
Fue así que fumando con nerviosas pita­das aguardó luego que votara y se cerciorara que sus parientes aún se hallaban ausentes en la planilla de votación, refugiado en la puerta de un zaguán, desde donde vigilaba con relampagueantes miradas a ambos extremos de la calle la espectral aparición de aquellos sacros ausentes.
Transcurrió así toda la tarde y nada. Un adusto sargento de hirsutos bigotes y hosca mira­da montando un blanco caballo lo vigilaba con descon­fianza. Azuzó al animal con un seco golpe de fusta y acercándosele al medio trote de costalete receloso tanteó el sable (ganas no le faltaron) lo increpó con autoritaria voz.
-¡Circule...! ¡Circule...!
Francisco Olivari se le plantó firme y le replicó:
 -No señor, de aquí no me muevo, tengo una cita de honor.
Lo dijo aún sabiendo ya que aquellos que gracias a su candor tuvieron en aquel mágico día ocho horas más de vida habían faltado a la cita.
 ¡¡Lástima...mundo perro..!! Una vez más a los hom­bres soñadores nos derrotó la realidad.

Por Héctor Acosta
artista plástico y escritor
Otoño 2012
Publicado en el periódico “Bernales”
de Norberto Giallombardo, en junio 2012

viernes, 21 de septiembre de 2012

ZAMBA PARA NO MORIR

Romperá la tarde mi voz
hasta el eco de ayer
voy quedándome sólo al final
muerto de sed, harto de andar
pero sigo creciendo en el sol, vivo.


Era el tiempo la flor
la madera frutal
luego el hacha se puso a golpear
verse caer, sólo rodar
pero el árbol reverdecerá, nuevo.

Al quemarse en el cielo la luz del día, me voy
con el cuerpo asombrado me iré
ronco al gritar que volveré
repartido en el aire al gritar, siempre.

Mi razón no pide piedad
se dispone a partir
no me gusta las muerte ritual
sólo dormir, verme borrar
una historia me recordará, vivo.

Veo el campo el fruto, la miel
y estas ganas de amar
no me puede el olvido vencer
hoy como ayer, siempre llegar
en el hijo se puede volver, nuevo.

Hamlet Lima Quitana
Nació en Morón el 15 de setiembre de 1923.
Falleció en Buenos Aires el 21 de febrero de 2002, a los 78 años 
Tomado de la revista del Centro Cultural Artempie, Nº 11
(2º época Nº 21 / 2012)

jueves, 20 de septiembre de 2012

NUEVA FUGA DE LIBROS AL VUELO EL 21 DE SETIEMBRE DE 2013

 La lectura es como el alimento; 
el provecho no está en proporción de lo que se come, 
sino de los que se digiere.” 
Jaime Balmes
El próximo 21 de setiembre se va a realizar una nueva jornada del movimiento LIBROS LIBRES!
 Están todos invitados a tomar un libro que les haya gustado mucho (o no), escribirle una dedicatoria en la primera página (o no) y dejarlo en un banco de plaza, una pizzeria, un bar, el subte, un colectivo, el tren, un remis, una cabina telefónica, un cajero automático…  en cualquier lugar que la imaginación permita
  Todos tenemos un libro que realmente nos marcó en la vida… y puede cambiarle la vida a alguien más o un libro que no nos atrapó enteramente a nosotros, puede serle de sumo interés a otra persona!
LIBROS LIBRES EN ARGENTINA
El 21 de Septiembre de 2007 se organizó el primer Libros Libres de Argentina, desde ese día se volvió a realizar en varias oportunidades, mucha gente encontró libros que leyó y amó tanto como sus dueños anteriores. La organización mexicana Letras Voladoras, fue la creadora de este movimiento.
Se recomienda escribir en la primera hoja una dedicatoria donde se especifique que el libro pertenece al movimiento "Libros Libres", que está para quien lo encuentre y así mismo puede volver a ser liberado luego de su lectura.

El Movimiento de Libros Libres Argentina se puede hallar en facebook.
Libertador de libros Chalo Agnelli 
Ver: “Club de los libros perdidos”

miércoles, 19 de septiembre de 2012

LA POÉTICA DEL ESPACIO


Ponerme yo mismo en situación onírica 
para situarme en el umbral de un ensueño 
donde voy a descansar de mi pasado. 
Entonces puedo esperar que mi página 
contenga algunas sonoridades auténticas, 
quiero decir, una voz lejana en mí mismo, 
que será la voz que todos oyen 
cuando escuchan en el fondo de la memoria, 
en el límite de la memoria, 
tal vez allende la memoria, 
en el campo de lo inmemorial.
 
       










                
 G. Bachelard, "La poética del espacio".

OLOR



Antes su olor me encantaba. Siempre olía a limpio: a ducha, a ropa limpia, a sudor fresco o a amor físico. A ve­ces se ponía perfume, no sé cuál, y también el olor del per­fume era lo más fresco del mundo. Entre aquellos olores frescos había otro, un olor denso, oscuro, áspero. Cuántas veces la olisqueé como un animal curioso. Empezaba por el cuello y los hombros, que olían a ducha, y aspiraba en­tre los pechos el olor de sudor fresco, que en las axilas se mezclaba con el otro olor, el denso y oscuro. En la cintura y el vientre aquel olor aparecía puro y sin mezcla, y entre las piernas con un toque afrutado que me excitaba; tam­bién olfateaba las piernas y los pies, los tobillos, en los que se perdía el olor denso, las corvas, donde aparecía de nue­vo, más ligero, el olor a sudor fresco, y los pies, que olían a jabón o a cuero o a cansancio. La espalda y los brazos no tenían ningún olor especial; no olían a nada, pero olían a ella. Y en las palmas de las manos se concentraba el olor del día y el trabajo: la tinta de los billetes, el metal de la perforadora, cebolla o pescado o grasa de freír, lejía o plancha caliente. Al lavarlas, las manos ocultan todo eso al principio. Pero en realidad lo único que hace el jabón es tapar los olores, que al cabo de un rato vuelven a estar ahí, atenuados y fundidos en un único olor del día y del traba­jo, de la tarde, del regreso, de la casa reencontrada.

de "El lector" de Bernahard Schlik (Bielefeld, 1944)
"Der Vorleseer", Zurich, 1995

tRADUCTOR jOAN pARRA cONTRERAS, 1997
Ed. Anagrama, Argentina, 2010
Pág. 183
Ilustración: cartel de la película dirigida por Stephen Daldry
 

lunes, 3 de septiembre de 2012

L'OBSCURITE DES EAUX



Escucho resonar el agua que cae en mi sueño.
Las palabras caen como el agua yo caigo. Dibujo
en mis ojos la forma de mis ojos, nado en mis
aguas, me digo mis silencios. Toda la noche
espero que mi lenguaje logre configurarme. Y
pienso en el viento que viene a mí, permanece
en mí. Toda la noche he caminado bajo la lluvia
desconocida. A mí me han dado un silencio
pleno de formas y visiones (dices). Y corres desolada
como el único pájaro en el viento.
Alejandra Pizarnik






















sábado, 1 de septiembre de 2012

¿EL MOLINO DE PIMIENTA ESTÁ MUERTO?



Esto no es una pipa
En menos de lo que canta un gallo, en quince días tal vez, esté en la calle el libro El molino de pimienta (cabaret literario), y es entre nosotros, los amigos, también La ceremonia del adiós. Una despedida simple, una despedida en papel, una despedida del papel, de nuestro viejo amigo. Dice Abelardo Castillo en la entrevista que publicamos en el libro:
Uno de esos hechos es sin duda el económico (…), que hace imposible sacar una revista li-teraria, ya que las publicaciones literarias que se hacen por internet no tienen el peso del papel, su memoria, diría yo. El papel lo podés coleccionar, lo podés encuadernar, lo podés marcar (…) el libro es un invento perfecto, es como el monopatín o la bicicleta, no podés mejorar la bicicleta, la bicicleta era así desde que se inventó. O el barrilete, o la rueda. El libro es así, y mejorarlo no se puede.
En los ochenta hicimos nuestra revista El molino de pimienta. Lo que hacemos ahora es una celebración. La producción del libro llevó mucho tiempo. Fue un gusto hacerlo, a veces parecía que no queríamos terminarlo nunca, pero ya está. Acá va la lista de los escritores, artistas y personalidades que animarán la fiesta; algunos muertos, todos vivos para este enésimo número: 
  
Néstor Arias – Ernesto Bertani – Jorge Luis Borges – Bertold Brecht – Abelardo Castillo – Gerardo Dell´Oro – Hans Magnus Enzensberger – Inés Fernández Moreno – Margarita Fontseré – Irene Gruss – Juan Lima – Dalmira López Osornio – Pirí Lugones – Ricardo Maneiro - Norman Mailer – Augusto Monterroso – Victorio Picone – Slawomir Mrożek – Marta Muriago – Cesare Pavese – Adolfo Pérez Esquivel – Jean Paul Sartre – Néstor Tellechea – Juan Tolj...

Conduce a todos por el recto camino La Bella Molinera