lunes, 24 de septiembre de 2012

"KEKO EL VERDULERO" RELATO DE HÉCTOR ACOSTA

Pasó en mi barrio...

Por Héctor Acosta

Seré franco: del asunto que hoy recordaremos hay cosas que se me borraron de la memoria y como por ahí aún hoy debe haber gente que lo tenga me­jor presente que uno pido la indulgencia necesaria para completar el relato. Al hombre lo apodábamos «Keko» era un italiano de baja estatura y con los ojos reventones de asombro y de vino. Digamos que dicho apodo lo ponía furioso por lo que nos abs­teníamos de decírselo y lo llamábamos “don Fran­cisco”.
Fue famosa su costumbre de encontrar gallinas de muertes inciertas en la calle y llevarlas a su casa para comerlas en memorables pucheros (adelanto que el hombre no murió intoxicado)
A su tobiana la llamaba “Beba” y fue por años su fiel y servicial compañera de trabajo y de pa­rrandas. Tiraba sumisa el carrito de media changa con el cual recorría las embarradas calles de aquel Bernal de entonces. La yegüita conocía de me­moria el recorrido del reparto del verdulero, cosa que no provocaba mayor asombro, pero otro asue­to era el variado recorrido nocturno que de boliche en boliche y de barrio en barrio, el animal parecía retener. Eso era cosa sospechada.
Lo notorio ocu­rrió una ignota noche de vaya a saberse que año. “Keko”, el tano verdulero del célebre carrito cre­ma, fileteado en bordó con cintas argentinas e ita­lianas y sendos carteles en sus laterales que de­cían “La flor de Castelvetrano, levantó a un amigo de ocasión y se fueron de copas a un perdi­do tugurio de borrachos en un lejano barrio, que luego supuso sería allá por Lanús o quizás Lomas de Zamora.
El camino de ida se le hizo al verdule­ro «Keko» intrincado, recargado de vueltas, barre­ras y barrios bravíos, por lo que perdió la noción de la orientación. Guiado por el amigo de copas, tabaco carrero y algo más, llegaron a una fonda de baja estofa.
Ahí, en ese sombrío antro de perdición, iniciaron una juerga que descalabró a “Keko”, quién a eso de las dos de la madrugada tiró la toalla y abando­nando al amigo, bamboleándose y a los tropezones por la borrachera, como pudo desató la manea de la yegüita y se tiró arriba del carro, soltó las ríendas y se arrebujó en una piel de cordero a dormir su sueño de pecador.
El noble animal quizás haya intuido que por la situación de aquel pobre Cristo no era capaz de volver por las suyas en aquel estado. El caso fue que “Beba” tranco a tranco, muy quedamente, inició un retorno que se presentaba incierto.
En la osca no­che pasó una negra locomotora a vapor que frago­rosa de fumarolas y metales la espantó y, enco­giendo la grupa, inició un asustado galope que fue sosegando allá a las cuadras.
Se cruzó con fantas­males tranvías de amarillentas luces y forzado tra­queteo que llevaban a borrosos maniquíes que por momentos parecían algo así como seres humanos.
Luego siguió bajo un estrellado firmamento de fi­nales de otoño; mojados por un tenue rocío sus pasos resonaban en el empedrado de misteriosas calles, iluminados por faroles ferroviarios que se mecían en adormiladas barreras con rojizos des­tellos y sin errarle a un sola calle, a eso de las dos horas de cancina marcha, desembocaron en la ave­nida Dardo Rocha.
La hermana de “Keko” en vela por la tardanza, es­cuchó en el fondo de la noche, allá a lo lejos, el quedo tranco de la yegüita cuyos herrados vasos resonaban en las piedras sacudiendo el silencio.
“Son ellos”, se dijo. Y saltando de la cama fue a bajar al descarriado verdulero. Desató a la “Beba” le dio una palmada de cariño y la “Beba”, sumisa, se fue sólita al establo que distaba a dos cuadras de allí, en la Cañada de Bernal Oeste, del otro lado del camino carretero.
La pobre mujer, analfabeta en castellano y en el idioma del Dante, se permitió una íntima disquisi­ción filosófica. Cavilando se dijo mirando a la ye­güita y pensando en su hermano.
- No nos asombremos, seamos humildes; a veces un hombre es mucho menos que un animal.
Y no estaba errada.
Héctor Acosta
Artista plástico y escritor y vecino de Bernal
Otoño 2012)
Tomado de “Bernales” periódico de Norberto Giallombardo
Mayo, 2012.
Fotos. 1ª.- Roberto Sánchez; 2ª Flia Elisiri

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