miércoles, 25 de abril de 2012

CONFERENCIA DE MARIA MORENO SOBRE EL PETISO OREJUDO -16-11-2003


 
CAYETANO SANTOS GODINO
“EL ÚLTIMO OREJÓN DEL TARRO”

Transcripción de Chalo Agnelli


Si se lee un legajo criminal, un artículo de prensa sobre lo criminal se descubren elementos comunes.
La pomposidad del título de la charla de hoy que dice “Cayetano Santos Godino el último orejón del tarro”, conjuga la idea de política, de mito y de literatura en torno a una figura criminal. Eso es muy ambicioso porque soy cronista de la vida cotidiana. Sin bien, con características especiales pues soy de la generación del 70 y eso implica en la figura del cronista una heterogeneidad de saberes laicos, autodidactas, que provienen de las librerías de viejo. Y permite un tipo de abordajes distinto. Se hace un tipo de crónica diferente de la que se puede hacer ahora que, creo, está más basada en las mitologías que en los hechos reales; se trabaja menos con antecedentes,  el abordaje de la realidad está inspirado más  en el modelo periodístico.
Me intimidó el título de estas jornadas: “Literatura y Delito” pensé que sí, seguramente, los grandes textos de la literatura argentina están vinculados al delitos. Recorriendo los textos fundantes como “El matadero”, “El Facundo”, “Una incursión a los indios ranqueles”, siempre aparece la figura del delito, O sea, que el delito está presente en la literatura argentina. De ahí la frase de  Viñas, que la literatura argentina empieza con una violación. Y un poco en broma se podría agregar que la literatura argentina  comienza con cuatro elementos transgresores: mujeres transvertidas, hombres no destetados, un muerto y una violación.
Uno de los primeros textos que se pueden leer de Isabel de Guevara, que vino con Mendoza en la primera fundación de Buenos Aires, cuenta que les estaba prohibido viajar a las mujeres entonces venían vestidas de varón; y, a su vez, como muchas de ellas venían embarazadas o tenían niños de cría y la hambruna era tan grande, amamantaban a los hombres. Resulta divertido este mito fundante.
        A poco de llegar, durante el viaje de Solís, muere un hombre, Martín García, que es enterrado en la isla que lleva ese nombre. Y a esto se suma la violación de “El Matadero”. Esto es ideal para un cuento de Borges.
       Estas conclusiones  no son mías; es un tema que maneja muy bien Sara Díaz que se llama “Buenos Aires, claves filosóficas”. Es un texto muy interesante pues, si bien es filosofía,  tiene muchas filtraciones, incluso termina con un tango.
       En “El Facundo” de Sarmiento se presenta un caso psicológico y criminal. En “Una excursión a los indios ranqueles”, una obra absolutamente moderna – leerla es como si alguien nos conversara al oído - aparecen muchos casos de delitos en esos relatos que hacen los soldados al narrador en torno al fogón; desgracias generadas por algún crimen ligado a una autoridad injusta, a una mujer, a circunstancias que tienen que ver con el poder o a la huída a la frontera para evitar las levas. La construcción del criminal es también pesimitas. Pero la figura mas criminalizada de “... ranqueles” es el indio. Es la paradoja de este libro genial de Mansilla al construir una humanidad en los indios, incluso una sofisticada lengua, él colabora con la masacre,  aunque no sea explícito. Es el otro peligroso, en cuanto a semejante con una serie de saberes.  Pero el gran criminal en potencia es el indio.
      Y volviendo al título de las jornadas me di cuenta que son más sofisticadas las formas al pensar en el delito, pues la literatura puede ser delictiva en cuanto atenta contra la Lengua, atenta contra la literatura dominante o porque no propone modelos edificantes. Me parece interesante que la primera charla fuera sobre Arlt, precisamente porque apuntó a las tres formas insurrectas de la literatura..
      El delito al formar parte de un grupo de insurrectos pasa a ser político, esto se va a escuchar  en la charla de Bayer, que hace pasar a un personaje de la política a un texto de no -ficción.
      Por otra parte Diana Bellesi muestra como los acusados de delincuentes producen literatura. Entonces comprobé que era menos convencional de lo que yo creía el despliegue de estas charlas. De todos modos no deja de acomplejarme el término Literatura Argentina pues el Petiso Orejudo es un texto de no-ficción
       Pero analizando se puede observar que en la Literatura Argentina la no-ficción tiene una preeminencia muy grande; tanto El matadero, como El Facundo y “Excursión... son textos híbridos, son indefinibles en cuanto al género; dan cuanta de una realidad con elementos narrativos de la ficción donde se amalgama lo ficcional con la crónica. No son novelas en ningún caso. De modo que también la no-ficción nos funda. Mucho antes que se hable de no-ficción en Estados Unidos con las obras de  Truman Capote. Y ni hablar de los textos de Rodolfo Walsh, que publicados a partir de 1957, hace no-ficción mucho antes que esto se pusiera de modo como una posición estético-política. Las obras tienen distintas maneras de definirse de acuerdo al contexto en que se formulen. Walsh al principio de “Operación Masacre”, al hablar de sí mismo dice, que él hace periodismo, pero que no es periodismo. Él no nombra lo que hace pero se da cuanta que hace otra cosa. 
          Walsh creador de un nuevo periodismo, periodista él mismo, a mediados de los 60 advierte un cambio en los periódicos en Nueva York lee en la prensa un texto que rompe con las convenciones del género periodístico; el artículo se titulaba aproximadamente: “John Louis, el campeón, en su edad madura” y puede ser considerado un cuento corto por los elementos que recoge como transcribir los pensamientos del boxeador. O artículos donde se mostraba a algún político de la época untando una tostada con manteca. Esto se ubicaría en el mundo de la narrativa no en el del periodismo. No deja de ser un elemento reformista, porque los periodista toman de los escritores los elementos de la ficción, lo cual produce un boom de ventas. Reformista digo, porque cambian el periodismo, pero no inventan otra cosa, agregan. En la misma época Capote está escribiendo “A sangre fría”. Han logrado remozar los casos periodísticos con elementos de la literatura y un escritor toma una simple noticia del diario, la desarrolla con un despliegue narrativo y sale una obra genial.
      Les explicaré como armé el libro sobre el Petiso Orejudo. Como “A sangre fría” que nace de una noticia pequeñita en un diario de Arkansas donde cuentan que  una familia fue asesinada. Sin ninguna explicación. Y la tarea que emprende Capote es levantar testimonio en una ciudad para ver los efectos de un crimen en una ciudad puritana, abstemia, sobria, tranquila y bastante reaccionaria. Después cambia el proyecto y hace un gran alegato contra la pena de muerte. No-ficción, nuevo periodismo, no-periodismo, en Walsh son estos reclutamientos un tipo de texto que intenta confundir al punto que no se advierta cuales son los elementos auténticos y cuáles los de la ficción.
Se formaliza luego los nuevos parámetros de estas producciones, y son las síntesis de cuatro procedimientos narrativos: el contar escena por escena; utilizar el diálogo como retrato; hacer descripciones vastas sobre el modo de hablar, ropa, mobiliario, forma de vida, a fin de mostrar status y,  el cuarto es el que consiste en, cambiar el punto de vista del cronista que suele ser objetivo, tomando el  punto de vista de uno de los elementos a analizar.
             Una nota célebre, de Walsh es la entrevista que hizo a unas prostitutas que trabajaban en un alto edificio de Nueva York, en un departamento, donde toma el punto de vista de una de las prostitutas. Esto era sospechoso pues suponía que allí se inventaba mucho, esto no es así, los nuevos periodistas tenían que relevar muchas más situaciones y materiales que actualmente un cronista común no releva pues está abocado a la noticia. En lugar de decir “A tal hora Macri se dio por derrotado. Su adversario celebra”; Walsh hubiera dicho: “Desde su estrado bajó los ojos, hizo un guiño a una de las mozas para que se retiraran los canapés y los postres y aguantando para no llorar se dio por derrotado. Mientras que en el palacio San Miguel su adversario arrojaba el saco al techo.”
              Si se escuchan a los personajes de Fernando Peña se puede advertir perfectamente lo que dice cada uno detrás del monólogo del personaje, lo que develan, lo que dejan traslucir. Dar datos que parecerían insignificantes, vestimentas, formas de vida mobiliario, todo esto retrata al personaje. Como hace la revista Gente cuando muestra casas para destacar status o señalar el tipo de ropa con que se viste un candidato, si es de Armani, o lleva un reloj Cartier, son datos que tienen un valor de resonancia. No es presentar detalles vanos.    
             Hay una letra de un tango que pinta aproximadamente a un presidiario del penal de Usuahia, en aquel tiempo: “Mirando pa’ lao del mar, te escribo querida Marta pa´que dejes de pensar. No quiero nena que vaya a creer que su marido está mal en el penao de Ushuaia, tengo un pingo amaestrao que está apriendiendo a tanguear, tengo un retrato de Alvear pa´engrupir de vinculao, vidita te escribiré cuando cumpla mi condena ya llevo un año mi nena, solo faltan veintitrés”.

     Volviendo a los textos fundantes de la Literatura Argentina un poco pensando en grandes líneas la diferencia entre Facundo y “Una excursión...” es que en ranqueles que es una crónica en folletín que, si bien  le llevó 19 días la aventura, Mansilla, como genial escritor,  la estiró en 68 episodios, hay un cuerpo a cuerpo, una primera construcción del cronista en peligro, el que va hacia el otro; y lo cuanta con una retórica tal, con determinados trucos atractivos y dando cuenta de una muy profética percepción del valor que tendría la prensa, el valor de lo publicado en los periódicos en ese momento. Sintetizando tenemos. el Cuerpo a cuerpo, el in situ y la mirada directa. En cambio El Facundo trabaja más con documentos; es un modelo de tipo editorial; hay testimonios, pero medio de oídas, no se ponen en juego voces para dar evidencias.
     Sarmiento es el más genial refritador de la literatura argentina. Técnica rechazada porque se hace mal se hace juntado tres cables. Hay mucho aval de documentos extranjeros, de visitantes, de análisis de periódicos. Esa forma de narrar, en periodismo marca dos líneas, a pesar de las ideología y de los tiempos, la línea de Walsh tiene que ver con Mansilla y Verbisky con Sarmiento por el trabajo con documentos, con mediaciones y análisis.
      Cuando uno investiga a alguien que murió y no se puede tener acceso a nadie vivo de la época, aunque en mi caso sobre la obra de El Petiso Orejudo, encontré un hermano menor de una de las víctimas vivo, hay que trabajar con los documentos de la época que son  los periodísticos y los científicos. Donde el petiso aparece como un chivo expiatorio, pero también como pretexto para las diferentes argumentaciones que se estaban jugando en la psiquiatría argentina. 
      Los diferentes científicos que lo analizan, cada uno, llevan agua para su molino. Los médicos de la policía Negri y Lucero lo van a tratar como un imbécil pensando en la imbecilidad como con posibilidades de rehabilitar pero no como algo que impida la confianza de los actos; es un investigación incriminatoria.
    Víctor Mercante, que es el primero que piensa cómo prevenir el delito desde un modelo educativo, lo escucha de otra manera ya hasta le atribuye conocimientos de historia capaz de tocar la guitarra, criminaliza al  Petiso pero en función de alguien que no está colonizado.
    Domingo Cabré es el fundador de la mayoría de los encierros argentino: reforma el hospicio de Las Mercedes, construye la colonia de retardados de Torres, el asilo de tuberculosos, lugares para prostitutas. Él solo armó estos lugares, que en principio eran progresistas, tenían la voluntad de la rehabilitación en pos de una supuesta integración,  aunque en las prácticas las cosas eran distintas; había una frontera utópica.
     En primera instancia el Petiso es declarado imputable. A pesar de que era consciente de sus actos se podía pensar a que había una alteración mental en que un niño matara a otro niño. No había en ese momento, años después se podría hablar de perversión, no existía categoría  donde ubicarlo en el terreno de la psiquiatría. Pero después va a parar a presidio pues el caso sirve como pretexto para  poner en juego un debate que es la zona que hay entre locura y delincuencia. Si era necesario beneficiarlo con el asilo como tratamiento psiquiátrico no lo sabían en esa época. En todo caso no criminalizarlo sino darle una coartada de enfermo eso era muy de la época: o era loco o delincuente. Eso implicó que muchos fingieran locura para no ir a la cárcel. El petiso al revés, cuando lo acusan de loco prefiere caracterizarse como  delincuente.
       Aunque en realidad de todos los testimonios que hay de la voz del petiso uno puede pensar que son todos falsificados en función de construir un personaje literario fuerte.  Era difícil probar algo partiendo de su testimonio. Las preguntas de época son ¿Loco o delincuente?, ¿Es o se hace?, ¿Innato o adquirido? El debate era: ¿Se nacía así o las condiciones sociales, políticas, la educación, etc.,  determinaba  una tendencia al delito?   

       Estas discusiones que llevaba a cabo la criminología no hacían diferencia del destino del sujeto; de los modos de encierro. No se si era peor pudrirse en  Ushuaia o en el hospicio de Las Mercedes. Pero él se transforma en un paradigma; es la representación de los que han transformado al inmigrante como amenaza social; como lo que hay que excluir del Ser nacional.
      Hubo mucha inmigración  a los largo de diferentes décadas, llegan a ser el 40% de la población de Buenos Aires a principios del 1900, que a su vez es la gran masa de pobre. El sueño de la ciencia argentina construyendo una nueva definición de ser nacional pensaba que la raza nativa era inferior. Con los oscuros de la pampa mezclados con los europeos se podría crear una nueva raza. José Ingeniero, Bunge, Ramos Mejía eran la conciencia científico-ideológica-política de la clase dominante de esos años.
      Pecceti en “La locura en la argentina” cuenta la importancia de los médicos para la construcción de la argentinidad en la generación del 80. Argentinidad coincide con salud, enfermedad, criminalidad se relaciona con inmigración. Se homologaban los dos términos. El modelo era lo social un poco tardío. Se veía incluso que no había oportunidades de cambio para el sujeto. Se limitaban a reconocer la superficie de los cuerpos, es decir, los rasgos señalaban la locura.
      El petiso es hijo de italianos, vivía en un conventillo, el padre era desocupado, alcohólico, golpeaba a su mujer. Se le atribuyó epilepsia. Cuando uno lee los legajos, basan las conclusiones, no en los testimonios, sino en los supuestos de la época. Lombroso relacionaba epilepsia y criminalidad por eso se atribuye ser epiléptico.
      Lo que está probable en el Petiso es que el 3 de diciembre de 1812, cuando Cayetano tiene 16 años, se encuentra en la localidad de Moreno, el cadáver de un menor de 3 años, Gesualdo Giordano, ahorcado con un hilo y un clavo introducido en la frente. Toda la investigación se hace en torno a testigos oculares. La impresión que se tiene es que no hubo mucha investigación, sino que todo se basa en la construcción  previa de un perfil criminal y en la confesión.
      El eje es la confesión, pero al mismo tiempo los informes científicos dicen que era un mitómano, por lo cual era bastante contradictorio tomarlo al pie de la letra. Luego le endilgan crímenes no resueltos.
      Hay una serie de testigos: vecinos, el canillita - como no había televisión se miraba mucho lo que pasaba en la vereda -, que  van reconstruyendo sus pasos desde el momento que lo saca de la sastrería - el padre del niño era sastre - de manera que se pueden describir los momentos previos.
      Entre los acontecimientos que se le endilgan está la supuesta agresión  a un niño que cae  a una pileta, aparece un testigo, el Petiso está ahí y dice que lo está salvando, pero igual lo llevan a la comisaría.
      El único crimen probado es el de este Gesualdo Giordano. Hay otro crimen de un niño que era el hijo de un empleado de Gath y Chávez, que todos los textos indican que es un crimen sexual. Varios testigos han visto a una persona de treinta y pico de años, bien vestida, que pidió la llave de una casa que estaba en alquiler; el niño asesinado aparece en ese espacio; no había manera de entrar si no era con esa llave y además, lo ven varios niños a ese personaje que no era el petiso.
     El Petiso se adjudica también ese crimen. Seguramente bajo tortura o presión. Hay otro de una niña que entierran en la calle Río de Janeiro, eso jamás se investigó ni se buscó  pruebas. Se podría decir que lo único que  sirve para que se le endilguen sin prueba estos crímenes es la confesión, porque  lo único realmente comprobado como perpetrado por él,  es el asesinato de Gesualdo Giordano.
        No se puede hablar de un asesino serial. En diarios del día, la noticia es un policial más. No es nota de tapa. Y eso me hizo preguntarme qué valía un niño en ese momento. ¿La sensibilidad de la muerte de un niño se podría pensar como ahora? ¿Qué lugar ocupaban los padres ante este espacio? Parecería que el crimen de Gesualdo es, en diferente de grado, una muestras de agresiones de niños a niños; incluso, registrados por Ingenieros, crímenes entre hermanos, pero, evidentemente, el Petiso daba con las condiciones más adecuados para hacer el paradigma del loco emigrantes peligroso por sus potencialidades de locura y peligrosidad. Es algo expulsado de la sociedad. El poder puede denunciar lo que construye.
         ¿Qué valía un niño en ese entonces? En ese momento los niños no estaban excluidos del trabajo en las fábricas. Incuso la empresa Rigoleau empleaba gran cantidad de niños en condiciones terribles. Se enfermaban de necrosis, una enfermedad que deforma la mandíbula; trabajaban en una especie de pozos con gran calor. No había ninguna protección a la infancia y por supuesto siempre tenían rango de aprendices; no tenían ninguna protección gremial. A menudo eran castigados por los obreros mayores además de los golpes que recibían de los patrones.
       Generalmente no había una promoción a la infancia, se los expulsaban del mundo del trabajo cuando ingresaban a un espacio a donde podrían ser protegidos. No había en la condición de los niños pobres ningún privilegio. En 1904 se produce un debate entre anarquistas y socialistas para regular el trabajo infantil; quitarles horas, promover la escolaridad y los anarquistas proponían, directamente, eliminar el trabajo infantil.
       Siendo el emigrante un criminal en potencia los primeros presos son los padres de Gesualdo. O sea, que cuando velan al niño los padres están presos. De manera que hay una mirada incriminatoria sobre los padres de la víctima. Como suele pasar las víctimas tiene que demostrar que son inocentes.
      Hay ciertos rasgos que se repiten para mostrar la ferocidad de alguien. Tanto en caso reales como en lo ficcional: para mostrar la ferocidad de un criminal se da cuenta también de algo paradójico: un rasgo de ternura. Esto se puede ver en El Facundo donde se muestra una figura terrible, sumamente cristalizada como el mal mismo y de pronto en el momento que podría castigar a alguien severamente aparece la debilidad y el perdón.
       Una figura muy utilizada para mostrar la maldad de alguien es que los padres lo denuncien. Eso aparece “El Facundo”. En El petiso Orejudo ocurre también, pero cuando uno quiere reconstruir un caso así hay que pensar qué significaba eso exactamente. Cuando él tiene ocho años como cometía fechorías, cazaba pajaritos, rompía vidrios; no había  diferencia con los otros niños que vivían en los conventillos en un clima de violencia; lo envían a la colonia de Marcos Paz a pedido del padre. Algo común en las familias numerosas y paupérrimas: tratar de que el Estado se hiciera cargo de un hijo. Pero en el expediente esto está narrado para aumentar la supuesta ferocidad del petiso.
       Otra manifestación para definir a un criminal es ver donde tiene desplazado el honor. Cuando le sugieren al petiso que violaba a los niños se ofende muchísimo. O sea, si bien no defiende su crimen tampoco parece arrepentirse, para él el robo y la violación son deshonrosos. Algo que aparece, también en “A sangre fría”, Terry Smith, impide la violación de la víctima a su cómplice.
       Estas son maneras en que se arman los modelos criminales. El petiso Orejudo no tiene temor de que lo maten – de hecho no lo fusilan pues es  menor de edad; beneficio que también tiene Simón Radowisky -  pero sí teme que el padre del chico se entere que le mintió. Porque cuando el padre buscaba a su hijo se cruzó con él le preguntó y él negó haberlo visto y lo manda a que pregunte en la comisaría.
         Él pertenecía a una categoría patológica que no estaba pensada en ese momento. Pero en el énfasis de vincular locura con criminalidad importaba menos las figuras propias del espacio psiquiátrico. Creo que era un perverso, además, su intencionalidad no era criminal. La figura es más compleja. En realidad la escena deseada no es matar sino esa frontera donde él es dueño de la vida y la muerte, pero siempre se las arregla para que alguien lo vea. Ahí si hay algo de serial en la satisfacción a partir de una escena repetida.
        Cuando se planteaba cómo se construye un criminal en aquel entonces, se ve que no hay diferencia entre los discursos legales y los ficcionales. Es interesante ver la literatura de la generación de 80 donde justamente pesa esa marca de la criminología Lombrosiana, se reitera la muerte de  un niños, tanto en “La Gran Aldea” de López, como en “Poupurrí” de Cambaceres como en “Inocentes o culpables” de Antonio Argerich, como en “Tini” de Wilde. Siempre muere un niño porque son narraciones moralistas. Muere el niño que es producto de mezclas non sanctas. Cuando justamente se intenta ordenar, con la consolidación del estado,  un modo de vida recta que es la que marcaría el ser argentino. Muere el hijo del vejete millonario y la oportunista, el de la prostituta y el niño bien, el del señorito y la china, hay un lección que indica que hay que permanecer en la clase social en la que se nació y establecer vínculos convenientes dentro de la misma. Hay una hipótesis interesante: el niño que muere es el de la ilusión, es esa especie de ser nacional que se pensaba lograr entre un ego europea y una pampa virgen y fecunda. Muere un niño en Mataderos, otro en el relato de Mansilla que entierran con su esclavo indio, como si fuera un fantasma de la literatura argentina que valdría la pena investigar, y que llega hasta Rocamadur el personaje de Cortazar.
       Es como si el Petiso hubiera encarnado un pasaje a la acción, desde la ficción que estaba en el aire y en construcciones preestablecidas en el poder.   
       Esta figura sirvió para ser ejemplar. ¿Cómo transcurre su vida en el sur? ¿Qué era esta cárcel de Ushuaia? Si se piensa que gobernar es poblar, poblar es construir cárceles. Lo que sucedió en 1896 es que se mandan a 16 personas a una zona desierta no por su peligrosidad sino en base a sus oficios y profesiones y así construyen la prefabricada que da lugar a la cárcel y, bastante, lo que es hoy  Usuahia.  A ese espacio llega el petiso en la década del 20 con el número 90 hasta su muerte.
      Las siguientes son pruebas de cómo, a veces, la reconstrucción de un hecho no rompe el mito. Una prueba es que se dice que él mata unos gatitos que estaban en la prisión, entonces los compañeros lo matan a él. Esto también se agrega a lo dicho anteriormente sobre la construcción de un criminal, para mostrar su maldad extrema, un paradigma de maldad: ¡Cómo será este monstruo, que hasta los monstruos mismos lo ejecutan!
     Es un asocial aún en una comunidad de excluidos y de peligrosos. Esto no es cierto, ahí lo que hay es desplazar un acontecimientos de algo que sucedió antes, al final de él para mantener un mito. Él muere en el año 1945 de una úlcera. En el año 1935, el periodista Juan José de Souza Reily  visita la cárcel y había sucedido ese episodio donde él había estrangulado a los gatitos de la prisión, que los grandes peligrosos mimaban y le ponían ropita incluso, y le dieron una paliza, pero eso fue desplazado, contado como castigo ejemplar y como el final de este criminal bastante mistificado.
    Del mismo modo para mantener un mito otro elemento es hacer que algo que sucedió en un sólo momento dure para siempre se lo piense como repetición. Eso de que introdujo un clavo en la frente del niño sucedió en el único crimen probado y se suele contar como que esto hubiera sucedido en todos los casos. Todos apuntando a magnificar al emigrante como loco peligroso que había que excluir de la idea de argentinidad. Ahora esta peligrosidad puede desplazarse a los jóvenes que viven en los bordes.
    Ingeniero, Ramos Mejía, Bunge eran tecno-políticos ellos ocupaban lugares  políticos concretos y daban clases en la facultad difundían libros de ciencia. La ciencia esta ligada a la política. 
No hay  en torno al petiso un discurso homogéneo; el caso no se presta a la diversidad. No es Bairoleto, no es Mate cocido, no era un héroe popular, sino como un eterno pobre infeliz que en otro momento hubiera tenido la posibilidad de un tratamiento terapéutico, igual cada vez se tiende menos a ellos. Vieron esos casos de niños matando a niños en Inglaterra donde se los puso en cárceles de alta seguridad cada vez los castigos son más fuertes. Él vive en un momento donde se pasa de castigar un delito cometido a prevenir un delito en potencialidad.
       Los cronistas tienen una visión diferente de los criminólogos del ochenta que son lombrosianos. Fray Mocho, Félix Lima, están del lado de la víctima y del lado del pueblo, utilizando la ciencia, pero de otra manera. En ”Un viaje al país de los matreros” se describe la pobreza de ciertas zonas electorales y los rostros, se explica a Lombroso, pero no como destino, escrito en el cuerpo, sino como efecto de las condiciones sociales.
     Vemos que hay diversas lecturas afortunadamente. En el caso del Petiso no. El periodismo no gastó mucha letra en el personaje, se dan atenuantes, se lo vio como un tipo sin laburo, sin posibilidades de educación, pero no dio para las crónicas. No hay relato dominante. Las ideas tienen pliegues. Por ejemplo Domingo Cabré tenía una posición menos definitiva él creía en un futuro para el petiso Orejudo  en un manicomio construido como una utopía donde el valor de salud era el trabajo, que pretendía la autofinanciación de los encierros a partir de los productos que fabricaban los propios enfermos. Estas construcciones tienen fisuras y siempre se filtran otros relatos.
      La psiquiatría era una ciencia sumamente delirante. Las revistas de Ingeniero daban cuenta de todo, los médicos podían pensarlo todo, hay artículos que dicen cómo blanquear a un negro, infanticidio entre los pájaros, que ciencia podía sostener eso. Lombroso daba para todo. Ramos Mejía tenía un lenguaje publicitario, colorido y seductor, mucho mejor que el del periodismo. Los mitos sirven para algo, son funcionales.

María Moreno
Transcripción Prof. Chalo Agnelli

ALGUNAS TRANSCRIPCIONES DE LA BIBLIOGRAFÍA MENCIONADA PARA APOYAR LA DISERTACIÓN:
De “Una excursión a los indios ranqueles” de Lucio V. Mansilla (1831-1913 ) Epílogo.
La conquista pacífica de los ranqueles, cuya fisonomía física y moral conocemos ya, para absorberlos y refundirlos, por decirlo así, en el molde criollo, ¿sería un bien o un mal?.
   En el día aparece ser un punto fuera de disputa que la fusión de las razas mejora las condiciones de la humanidad.
   Cuando nuestros primeros padres los españoles llegaron a América, ¿qué mujeres traían?
  ¿El gobierno de la Metrópoli hizo con sus colonias lo que los gobiernos de Francia e Inglaterra hicieron con las suyas?
   ¿Mandó a ellas cargamentos de prostitutas?
   ¿No tuvieron los conquistadores que casarse con mujeres indígenas, entroncando recién entre sí, pasada la primera generación?
   Y entonces, se es así, todos los americanos tenemos sangre de indio en las venas, ¿por qué ese grito constante de exterminio contra los bárbaros?
   Los hechos que se han observado sobre la constitución física y las facultades intelectuales y morales de ciertas razas, son demasiados aislados para sacar de ellos consecuencias generales, cuando se trata de condenar poblaciones enteras a la muerte o ala barbarie....
   Las calamidades que afligen a la humanidad nacen de los odios de razas, de las preocupaciones inveteradas, de la falta de benevolencia y de amor.”
De “Facundo” de Domingo Faustino Sarmiento ( 1811-1888). Capítulo 5
    “... Facundo, pues, era de estatura baja y fornida; sus anchas espaldas sostenían sobre un cuello corto, una cabeza bien formada, cubierta de pelo espesísimo, negro y ensortijado. Su cara, un poco ovalada, estaba hundida en medio de un bosque de pelo, a que correspondía una barba igualmente espesa, igualmente crespa y negra, que subía hasta los juanetes, bastante pronunciados, para descubrir una voluntad firme y tenaz.
     Sus ojos negros, llenos de fuego y sombreados por pobladas cejas, causaban una sensación involuntaria de terror en aquellos sobre quienes, alguna vez, llegaban a fijarse; porque Facundo no miraba nunca de frente, y por hábito, por arte, por deseo de hacerse siempre temible, tenía de ordinario la cabeza inclinada y miraba por entre las cejas, como el Alí – Bajá de Monvoisin. El Caín que representaba la famosa Compañía Ravel me despierta la imagen de Quiroga, quitando las posiciones artísticas de la estatuaria, que no le convienen, por lo demás, su fisonomía era regular, y el pálido moreno de su tez sentaba bien, a las sombras espesas en que quedaba encerrada.”

Quilmes
Centro Cultural “Artenpié”
Domingo 16 de noviembre de 2003

1 comentario:

  1. Es una excelente disertación. Con permiso (y citando la fuente) me gustaría utilizar este texto en mis clases en Periodismo.
    Carlos Berenze.

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