viernes, 27 de abril de 2012

CANTO A QUILMES

Víctor Alberto Giordano además de un copioso periodista y hombre del pensamiento nacional y popular recorrió los senderos de la poesía. Este canto u “oda heroica”, de versos sueltos, novedosos encabalgamientos  y ajustada musicalidad, fue de avanzada en su momento. Se recitó durante una década en cuanto acto cultural o escolar de Quilmes donde se mencionara la gloria del pueblo originario que nos dio “nomenclatura y gentilicio”, sobre todo a partir del decreto sancionado por el comisionado municipal Dr. Fernando Pozzo que constituyó el 14 de Agosto como fecha fundacional de Quilmes, después de la labor histórica realizado por la Junta de Estudios Históricos conducida por el Dr. Cravioto.

Después de 1955, las ingratitudes propias del revanchismo político, el nombre y la pluma de Giordano se intentaron desalojar de los medios de prensa locales y el “Canto a Quilmes” no se pronunció más en dichos actos evocativos del origen de nuestra identidad y pertenencia. 

CANTO A QUILMES

Por Víctor Alberto Giordano (Especial para El Sol)
Noviembre de 1945
Desde la ola grávida que viene
a bañar tus orillas, y se quiebra:
en una confusión de crestas blancas
que absorben las arenas
dejando en el trasmallo aprisionada
la prodigiosa pesca;
desde el mensaje que a tu costa traen
las brisas rumorosas, que penetran
el saucedal inmenso y se pierden
cantando en la floresta
el himno que las aguas orquestaron
para entonar del Plata su belleza;
desde los cuatro puntos cardinales.
y desde aquel en que tu historia empieza,
estás, Quilmes, latiendo vigorosa
en campos de esplendor y de grandeza.

Santa Cruz de los Quilmes te llamaron
cuando la reducción del indio puso
calor de vida en tú ignorado suelo;
tu entraña palpitó como la madre
que al hijo ajeno acoge, y le da el seno,
y le ofrece un regazo suave y tibio
como un remedo del amor materno...
Pero el indio añoraba sus montañas,
su vida en la heredad, su vasto imperio,
y se negó a vivir la vida esclava
dejándose morir en cautiverio.

Y se fue Martin Iquin; de sus huestes
sólo la fama queda... ¡Pobre, el indio!:
lo contempla el pasado, sucumbiendo
cada día al poder de la conquista,
¡y pensar que fue él quien escribiera
con su dolor, su sangre y su calvario
tu página inicial, que fue el bautismo
con que te consagró la historia escrita!
¡Pobre el indio!: cautivo en tierra extraña,
no tuvo en su impotencia
el gesto del vencido que reclama
del vencedor un alto en la contienda;
y se fue tan rebelde como vino.
y murió aún más grande en su agonía,
legándote su nombre, tierra mía,
como vivo presente de su estirpe
que cuanto más sufrió, más fue bravía.

Después, la soledad... ¡Cuánta tristeza,
 cuánta amargura. Quilmes! ¡Qué sombrío
quedó tu hermoso lar!... Tan sólo el río
te trajo con su canto la tibieza
de su afecto inmortal... ¡Tan sólo el río!
Ni cuando el invasor inglés holló tu suelo
te embargó tanta pena y tanto frío:
quizás porque lo viste, antes que nadie
pasar triunfante regresar vencido...

Pero un día glorioso de la Patria
la viudez de tus lares quedó trunca:
el río, embravecido como nunca,
fue portavoz genial de la victoria
que un almirante rubio dio a la Historia
sobre tu playa misma, que aquel día
junto a tu nombre se cubrió de gloria.

... Y allí quedó el pasado. Hoy te contempla
un mundo nuevo de asombrados ojos
en tu marcha triunfal hacia el progreso.
Todo florece en ti: el fruto alado
de tus hijos que piensan; la simiente,
que la gracia del sol transforma en oro;
el trabajo fecundo canta en coro
con la inquietud fabril que te domina;
la banca, el periodismo, la genuina
ruta fluvial que acrecentó tu brillo,
aliadas con el yunque y el martillo
de la industria potente que atesoras,
son tu vida y tu sangre, son tus horas
más felices, en bien de la divina
realización del porvenir brillante
que aguarda a la República Argentina.
……………………………………….
Hija dulce y preclara; hija y madre,
musa bendita de mi afán: ¡salud!...;
eres, Quilmes, la bella, incomparable
y más valiosa perla del Gran Collar del Sud.

Noviembre de 1945

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